Una ciudad sin ley

Por Manuel Rodríguez

Sí en San Diego vas en el “Freeway 5” y ves la unidad de policía acercándose a dos carriles inmediatamente retiras el pie del acelerador para revisar la velocidad en la que vas, en cambio sí  en Tijuana vas por una glorieta y ves a una patrulla estacionada con los códigos prendidos de inmediato aceleras para retirarte lo más pronto posible de la vista del policía.  Mientras que en Estados Unidos la presencia de uniformados infunde respeto a la ley y el orden, aquí es todo lo contrario.

 

Otro caso que me toca ver a diario, son las patrullas estacionadas en la recta de la Chapu, como fueron contratadas exclusivamente para vigilar al Centro Comercial, que esperanzas que detengan a miles de automovilistas que a diario infringen el reglamento de tránsito, en cambio sí cruzas por la línea peatonal de Otay y pretendes que te recojan en un carro desde la primer curva, es probable que seas multado por un oficial de la “Highway Patrol”.

Al vivir literalmente en la esquina de América Latina, me toca deambular en los confines de la zona del Faro de Playas de Tijuana, dónde con frecuencia veo a mexicanos envalentonados gritarle de groserías a la patrulla fronteriza que vigila el bordo, la pregunta que en esos momentos me surge es si esos mismos mexicanos que agreden verbalmente: ¿se atreverían a hacerlo si estuvieran de aquel lado? Pero la respuesta del por qué somos así, y por qué tenemos reacciones contrarias a la ley y el orden, es precisamente porque tenemos la idea de que vivimos en una ciudad sin ley.

Nada más al cruzar de regreso a Tijuana por El Chaparral, desde que venimos en el carro cargado de mercancías venimos pensando como pasar el semáforo sin que nos toque rojo, o cómo hacer para tomar el carril en el que el agente aduanal está más distraído. Y cuándo vamos saliendo la aduana nos sentimos como que entramos a otra dimensión, a un espacio en dónde todo es permitido, cambiarse de carril sin direccional, dar vueltas prohibidas, manejar en sentido contrario y hasta pasarse los semáforos en rojo. Cómo qué vemos en lo alto la bandera nacional y nos relajamos.

Consideramos arrojar la estorbosa basura de en medio del carro por la ventana, sin que nadie nos diga nada, la bolsita del “McDonalds” que nos dio flojera tirar en el restaurante americano, la echamos por la ventana sin mayor remordimiento al entrar a Tijuana. Pero, ¿por qué?, no entiendo que nos lleva a comportarnos así, será la falta de una cultura de la legalidad, será que el marco jurídico mexicano no funciona, será la burla con la que vemos a las autoridades, será la insolencia del ciudadano de sentirse impune ante la histórica corrupción a todos los niveles.

Todos hemos visto los casos de “Ladys” y “Gentlemans” que se han popularizado en las redes sociales cometiendo toda clase de desbarajustes sociales, la pregunta es: ¿cómo podemos detener este proceso de descomposición en el qué nos encontramos? Se los dejo de tarea porque se me terminó el espacio.