Una burbuja en mi pastel

Por Ana Celia Pérez Jiménez

Ciertas fechas me producen tristeza, me hacen sentir carente, me hacen sentir aislada, me hacen extrañar otras fechas, otra versión de mí. Y no, no deseo cambiarme, no a estas alturas, me dejo cambiar con el tiempo, con la vida, pero no deseo hacerlo a mí misma, por fuerza u obligación; eso sería terrible y no me lo merezco.

Pero ahora que veo con estos ojos tantas cosas de estas fiestas, veo que se ha perdido tanto, es como caminar al escenario y poder ver los hilos, poder ver el riel de la cortina, la magia como tal no la encuentro, no encuentro la emoción que me hacía despertar en días de vacaciones y bajar y preguntar en que día estábamos, porque debo de admitir que hasta la fecha soy buena para saborear como un lunes un precioso sábado.

Y mientras camino por un centro comercial y veo tanta gente, tan llenos de tanto, no sé si en ellos estará, eso que yo pienso que en mí perdí. Quizá sea inocencia, quizá sea ilusión o, quizá soy solo renuente en creer y sentir que es solo eso. Sé que hay más detrás, sé que se nos vende el envoltorio, pero no el verdadero regalo.

Y pienso, en verdad me siento y pienso, porque no es una maravilla sentirse fuera de todos, fuera de la corriente, fuera de la familia, fuera de los anuncios grandes y bonitos que se encuentran por las carreteras, no me encuentro en las revistas. Muchos libros me disculpan, y los tengo de mi lado, pero extraño eso que era contar los días del calendario, saber que mis padres me tendrían una gran sorpresa, extraño a esa niña que ignoraba de la vida y era feliz sinceramente con regalos.

No estoy infeliz con mi edad, eso sí aclaro, yo amo mis años sean pocos o sean largos, son solo míos y habitados por mí, estos años han descubierto partes de mí, y siento y sé, que les queda mucho por explorar, todavía soy carbón, no llego a ser ningún metal.

A esos que saben del mundo, a esos que saben de letras, a esos que saben de la crueldad humana y todavía pueden llevar una sonrisa en sus rostros, con todo respeto los invito a que me cuenten, que me digan, que me platiquen, cómo es que hospedan esa felicidad, cómo mantienen la sonrisa, y de qué la alimentan. No envido, me da curiosidad, quiero saber si lo que veo y no entiendo es algo tangible o es el holograma triste de una sociedad.