Un último suspiro

Por Guillermo A. Sánchez-Aldana

Se habrá sentido como una eternidad, pero al fin terminó la espera y oficialmente arranca el Mundial de Rusia 2018. Los 32 equipos participantes fueron arribando paulatinamente a tierras mundialistas desde finales de la semana pasada, con el conjunto mexicano llegando a su base para el magno evento un día después de la dolorosa derrota ante su similar de Dinamarca en lo que fue su último partido de preparación, y quizá son los mismos jugadores y cuerpo técnico del cuadro azteca los más felices de haberse salido del entorno pre-mundialista en México para meterse de lleno al ambiente del mundial.

Y es que a pesar de que los diversos amistosos que disputó la selección dejaron más dudas que respuestas en cuanto al funcionamiento colectivo e hicieron creer que faltó tiempo de preparación, el ambiente ‘tóxico’ que los rodeaba previo a su partida era suficiente como para ahuyentar hasta al jugador más concentrado o soberbio. Sea por cuestiones internas o externas, el conjunto tricolor se ha visto envuelto en una serie de asuntos problemáticos que han causado cierto disgusto y desconcierto entre la afición expectante, además de que las lesiones y constantes cambios ‘tácticos’ dentro del plantel no han permitido ver alguna mejora futbolística como para creer que existe alguna oportunidad de tener una buena participación dentro de la competencia.

Los cuestionamientos hacia Juan Carlos Osorio y la mayoría de sus jugadores ha llegado a su punto más alto, trayendo consigo una ola de pesimismo que sí puede llegar a afectar la mentalidad de un equipo que de por sí no se encuentra en su estado optimo como para competir en un torneo de esta índole. La afición que se autoproclama ‘realista’ podrá tener razón en cuanto a la desconfianza que puede surgir a raíz de un proceso exitoso pero solo en cuanto a estadísticas, pero a su vez una competencia así no siempre se rige por lo esperado o lo considerado predecible. El mundial siempre se presta para una que otra sorpresa, y quizá es el turno del equipo mexicano de ser protagonista de dicha obra heroica. El tiempo es el único que sabe con certeza lo que pasará, y tener un poco de fe no está de más.

Ahora bien, con la baja oficial de Diego Reyes se prevé que ese peso en la media cancha caiga sobre Rafa Márquez, quien disputará su quinto mundial y tiene esa posición de contención y central dominada, aunque sí con la desventaja que conlleva el hecho de tener 39 años y es difícil pensar que podría aguantar los 90 minutos. Será interesante (o frustrante, depende de a quién se le pregunte) ver qué hace Osorio con este cambio, ya que al experto de los experimentos se le acabó el tiempo y deberá plantear el partido perfecto si desea sacarle algún punto al actual campeón del mundo el próximo domingo.

La selección mexicana puede tomarse un último suspiro antes de que arranque su participación en Rusia 2018, y después de eso no hay vuelta atrás: o recibirán los aplausos o tendrán que aceptar las críticas.