Un puntito redactando

Por Ana Celia Pérez Jiménez

Nuestra existencia es diminuta, de tamaño partícula, mínima y de vida escasa al ser vista desde un plano infinito, al ser comparados con la inmensidad obviamente. A veces siento que solo somos pequeños puntos de un gran dibujo jugando a tener una importancia, jugando a «ser», jugando a la acumulación de riqueza, jugando a la indiferencia; y aun así me es curioso como teniendo todo esto en cuenta puedo por segundos sentirme lo mejor del mundo y detener el momento por minutos en las sonrisas de mis amigos, en la caricia de mi madre, en el aire que me despeina mientras manejo en una puesta de sol.

¿Cómo yo siendo tan diminuto siento esto tan enorme? A momentos me siento mutar, y siento como mi esqueleto se suaviza, mis costillas abren de par en par esa jaula y se derrama todo mi ser al mundo en alegría, plenitud y no siento o veo límites entre mi persona y un ser alado, entre lo bueno y lo malo. Me sorprende que en un mundo de guerras y superficialidades yo me vuelva lleno de riqueza y fortuna al andar de la mano de mí ser amado. En un mundo tan preciso y de ciclos puedo sentir algunos días que el sol a veces sale solo para mí, que la luna me canta y me promete y que la noche hizo el clima perfecto para que ese sorbo de vino tinto me supiera a gloria y que mis ojos tienes momentos de lucidez donde sin anteojos lo pueden ver todo.

En mi «adultez» sonrío cual niño al comer un helado; amo bailar a la madrugada, sonreír, ser y explotar como pirotecnia. Yo siendo esto diminuto a veces creo que el universo mismo conspira para darme pequeños regalos, como el agua de mar que acaricia mis pies, como el aroma del café en mi rostro, como el poder escuchar la voz de lo que uno ama, como la primera gota de lluvia sobre mi rostro. Giro mi rostro al cielo, me gusta sentir la luz del día que toca mi cara, me gusta denotar en forma de ese saludo al gran astro centro de mi planeta y causante de mis mañanas, pero feliz, dentro de mis angustias feliz, dentro de mis demonios feliz, dentro de mis confusiones feliz, feliz porque sé que este puntito de vida llamado «yo» está por breves segundos consiente de la eternidad, de lo luminoso, de lo lleno; sonríe al saberse nada, al sentir todo, al verse irrelevante, al reconocerse erróneo. Soy solo esta partícula que escupe palabras, que lee palabras, que ignora todo, siente, pretende y divaga; mientras se pone un traje de baño para darse un breve chapuzón en el mar infinito del amor y sus abusos.