Un pastel llamado México

Por Dianeth Pérez Arreola

¿Qué hace atractivo a un país con 65 mil muertos en tres años de gobierno, donde no se respetan los derechos humanos y la tortura es cosa de todos los días?, ¿Qué puede interesar de un país donde la justicia se vende al mejor postor y quienes gobiernan ejercen impunemente la corrupción?

México es un pastel muy apetitoso para fijarse en esos “detalles”, debieron pensar Francia e Inglaterra en 2015. Lo mismo ocurre para los países que visitará el presidente Enrique Peña Nieto esta primavera: Alemania, Países Bajos, Dinamarca y Noruega.

Estamos hablando de naciones de primer mundo que se precian de ser “verdaderas democracias”, donde se rigen por valores como la igualdad, la justicia, el respeto a los derechos humanos y la transparencia. También son países donde la ultraderecha ha ganado mucho terreno desde la crisis de los refugiados.

¿Por qué el recibimiento con bombo y platillo?, pues porque ahora que las reformas abrieron los mercados, todos quieren hacer negocios con México, aunque eso signifique mirar para otro lado a la hora de hacer una evaluación sobre cómo funciona el país del que quieren ser socios comerciales.

En el caso de Países Bajos, la hipocresía del gobierno es evidente. A la esposa del rey Guillermo Alejandro, la argentina Máxima, no le fue concedido que su padre Jorge Zorreguieta asistiera en 2002 al enlace matrimonial. Ha estado en Holanda varias veces con motivo de celebraciones familiares, pero hasta el día de hoy es persona non-grata para actos oficiales.

¿Qué hizo Jorge Zorreguieta? Ser secretario de agricultura durante la dictadura de Jorge Videla en Argentina, de 1976 a 1983, y asegurar que nunca se dio cuenta de las graves violaciones a los derechos humanos, torturas, desapariciones y ejecuciones extrajudiciales que ocurrían entonces.

Según un informe pedido por el gobierno holandés, la afirmación de Zorreguieta no puede ser cierta y por eso no fue bienvenido ni al matrimonio de su hija ni a la ceremonia de coronación. Pero eso no es nada comparado con los números de la administración de Peña Nieto, y aquí no hablamos de un secretario de estado, sino de la máxima autoridad del país y por lo tanto responsable directo.

Fue muy criticado que el presidente mexicano le otorgara al rey saudí la Orden del Águila Azteca durante la visita de estado hace unas semanas. El monarca Salman bin Abdulaziz Al Saud le entregó a su vez la Medalla del Rey Abdulaziz. El saudí acababa de ordenar la ejecución de 47 personas acusadas de “terroristas” entre los que se encontraban muchos críticos y opositores.

Peña Nieto también debe andar cerca de esa cifra si hablamos de periodistas y activistas asesinados durante su mandato, pero no será extraño que esta primavera seamos testigos de más intercambio de medallas y discursos halagadores.