Un nombre y su leyenda  

Por Daniel Salinas Basave

Antes de ser descubierta, navegada y explorada por los europeos, California fue imaginada en el Viejo Mundo. Los mismos libros de caballería que hicieron perder la cabeza a Alonso Quijano hasta convertirlo en Don Quijote, fueron también los que alimentaron la imaginación de cartógrafos y exploradores, quienes llegaron a recorrer la recién encontrada América.

El Amadís de Gaula y Las sergas de Esplandián, clásicos de la caballería andante escritos por Garci Rodríguez de Montalvo, fueron obras de cabecera en la ficticia biblioteca de Quijano y lectura de viaje para personajes como Hernán Cortés y Bernal Díaz del Castillo. Estos dos libros, que fueron el equivalente a best sellers del Siglo XVI, se refieren a la California como una isla poblada por gigantescas amazonas.

El mito de esta misteriosa ínsula o el de las Siete Ciudades, surgido también en la literatura caballeresca, alimentaron las fantasías de no pocos exploradores, con mención honorífica a Hernán Cortés, quien década y media después de haber conquistado Tenochtitlán, se obsesionó con la exploración de California. Sabiamente lo expresa el escritor Jorge Ruiz Dueñas: California era una palabra destinada a hacer verdadera la geografía apócrifa del mundo, aún secreto y fantástico. La dispersión de un nombre de leyenda metamorfoseado en territorio. Este es el tema central del libro California. Biografía de una palabra, escrito por Carlos Lazcano Sahagún y bellamente editado por la Secretaría de Cultura de Baja California.

Carlos Lazcano es un personaje interesantísimo. Nativo de Ensenada y formado como investigador en el Instituto de Geografía de la UNAM, es hoy en día el estudioso que más a fondo trabaja en la historia de la Antigua California. Heredero del legado del gran Miguel León Portilla y de los cronistas misioneros del Siglo XVIII, el ensenadense se ha sumergido como nadie lo ha hecho en el estudio de los pueblos nativos de la península, las primeras exploraciones de navegantes europeos y el rico legado cultural de las 18 misiones peninsulares.

Lo verdaderamente fascinante, es que los conocimientos de Lazcano no se limitan a los múltiples archivos históricos y bibliotecas en donde se ha sumergido con el método y el rigor de trabajo de un investigador profesional, sino que cuando escribe sobre esta tierra lo hace porque ha caminado cada kilómetro de la península como incansable explorador.

Cerros, desiertos, playas, misiones, ruinas, pinturas rupestres han sido recorridas una y otra vez por el siempre tenaz Carlos. Espeleólogo profesional, ha explorado también las cuevas más profundas de México y del mundo. Es un gran acierto de la Secretaría de Cultura que encabeza Pedro Ochoa el haber compilado el gran trabajo de Carlos Lazcano en esta hermosa edición.

También el haber reeditado, en colaboración con la editorial Porrúa, dos clásicos de la historiografía californiana: Historia de la Antigua o Baja California del jesuita Francisco Xavier Clavijero y Vida de Fray Junípero Serra y misiones de la California Septentrional de Fray Francisco Palou.

Sorprende en verdad lo meticuloso del trabajo realizado por los misioneros de la Baja California, quienes parecían empeñados en registrar absolutamente todo sobre estas tierras: hidrografía, orografía, flora, fauna, artes, oficios, cocina, costumbres. Vaya, lo mismo encontramos capítulos dedicados a las plantas nativas que a los efectos de la mordedura de las serpientes. Dos libros fundamentales para entender y dimensionar la esencia de lo californiano.