Un monólogo sobrio

Por Ana Celia Pérez Jiménez

Yo vuelvo a mí, porque en mí están las respuestas, las respuestas propias de mis preguntas peculiares; no soy hogar de todos, soy huésped de muchos.

Yo vuelvo a mí porque yo solo sé dónde me escondo, donde me encuentro esperando y de donde he partido.

Vuelvo a mí, porque me soy familiar la mayoría del tiempo, sé mis lugares cómodos, qué me altera, qué me alerta, qué me agobia, quién me da vueltas.

Vuelvo a mí, porque hoy me tengo y es un buen día, el día que puedo presumir de hallarme a mí misma, sufro de períodos largos vacacionales, en una ausencia desmedida y lagunas mentales.

En mi encuentro la duda, encuentro lo certero, encuentro lo que fuera reconozco; en mi veo lo que me atrae, lo que rechazó, en mí están los colores con los que puedo pintar, la escalera y el marro.

En mi todo, de donde parte mi opinión, el centro de mi círculo de amigos ¿qué esperan? Si todo nace y parte de mí; lo que se queda reposa en mí, como la idea, el silencio, el poema no concebido, el arrepentimiento de mañana y los siete tomos en que abrevio mi vida.

Parto de mí, vengo a mí, salgo de mí, regreso a mí, me evado a mí. Yo la Tierra, yo el Sol, yo el pasado y lo que le siga en sus tiempos y conjugaciones, quien fuera mar para a veces hundirlo todo, pero salgo a flote, como algo que la tierra no digiere, no recicla.

Quisiera incluir a todos en estos fragmentos, pero sería vestirlo con mis prendas, venderles un punto de vista y uno solo no los hace ser yo.

Hablo y hablo, escribo y borro, es difícil saber qué se puede externar, qué hará la diferencia, qué es solo facha, qué va de relleno.

No siempre quiero o deseo lo relevante, pero en este día sí he cuestionado lo que importa y lo que se escurre por el piso.

He gastado mucho, me he dado mucho, me quiero ahorrar, pensar, analizar y tal vez cambiar, porque dicen que el mundo es de los cambiantes y si el mundo no es mío, cambio sin él.