Un Hipódromo con historia II

Por Daniel Salinas Basave

El Hipódromo Agua Caliente se estableció en su actual ubicación en 1932, cuando aquella zona de Tijuana era un vasto paraje campestre alejado de todo centro habitacional. Las casas y los comercios llegaron mucho después. El antecedente histórico de Jorge Hank en Tijuana fue un personaje igualmente polémico y seductor, cuya vida genera aún controversias. Para algunos fue un empresario modelo cuya creatividad y nivel de compromiso trajeron la época de mayor esplendor en la historia del hipódromo. Para otros, fue un delincuente de cuello blanco, un mafioso que se dedicó a lavar dinero y que acabó su vida en una prisión de California. Juan Salvatore “Johnny” Alessio se llamaba ese personaje cuyo nombre va asociado a los años dorados del Agua Caliente. Había nacido en Claksburg, West Virginia, la noche de San Juan de 1910, hijo de empobrecidos inmigrantes italianos, que probaban fortuna en América. Domenico Alessio y su esposa Rosa Massa emigraron a San Diego en 1920. 

A diferencia de Jorge Hank Rhon, Johnny Alessio no nació entre pañales de seda y debió sortear una infancia muy difícil como lustrador de zapatos y vendedor de periódicos en las calles sandieguinas. A los 19 años el joven Johnny era mensajero del Banco del Pacífico en donde fue escalando rápidamente al puesto de cajero, jefe del departamento de cambio de divisas extranjeras, subgerente y finalmente gerente. Alessio no nació con la vida resuelta como Hank, pero sus años en el banco le permitieron ir tejiendo una envidiable red de relaciones públicas con comerciantes y empresarios. Del banco brincó a la subgerencia del Hipódromo Agua Caliente en 1947 y en 1953, justo en el año en que Braulio Maldonado se convertía en el primer gobernador constitucional de Baja California, que apenas había sido erigido como el Estado 29, Johnny Alessio era nombrado director ejecutivo del centro hípico. Los años dorados del Hipódromo Agua Caliente estaban por comenzar. Innovador y revolucionario por naturaleza, Alessio impulsó algunas novedades como el casco protector marca Caliente para los jockeys, la pista móvil para las carreras de galgos y el sistema de apuestas 5 y 10, punto de referencia de Tijuana para el mundo hípico, adoptado en Estados Unidos, Japón, Sudáfrica y Canadá entre otros países, que registraron bolsas de apuestas de estratosféricas cantidades con este sistema. Un nuevo milagro tijuanense se gestaba entre las patas de los caballos mientras Alessio expandía sus inversiones hasta Ciudad Juárez en donde empezó la construcción de un nuevo hipódromo en 1965. Al igual que Hank, Alessio también jugó el rol de benefactor y filántropo aunque con mayores alcances, pues construyó al menos 10 escuelas, además de donar despensas y juguetes cada Navidad. Alessio no sólo fue presidente del Club Rotario de Tijuana, sino que también recibió cantidad de reconocimientos como Caballero de la Distinción, Señor San Diego y Señor Tijuana. Pero al igual que Hank, Alessio también tejió una interesante leyenda negra. El bondadoso empresario fundador de escuelas y generador de sonrisas infantiles, era considerado un criminal por el Gobierno Federal de los Estados Unidos. Mientras el ex presidente Miguel Alemán Valdés, como cabeza del Consejo Nacional de Turismo, le entrega un reconocimiento por haber hecho crecer tan significativamente el turismo gracias al Hipódromo, el gobierno estadounidense lo investiga y le embarga sus hipódromos de Ruidoso y Sunset Park por supuesta evasión de impuestos, antes de aprehenderlo y meterlo en prisión. Una época de bonanza y glamour que acabó reducida a cenizas cuando las llamas consumieron al Hipódromo Agua Caliente. ¿Un incendio provocado por el propio Alessio para escapar de sus deudas y tratar de tapar sus corruptelas? El fuego siempre ha dado lugar a sospechas en Tijuana.

Sobre las cenizas del hipódromo de Alessio que vio desfilar a actores hollywoodenses, tahúres célebres, mafiosos de caché y hasta creadores malditos como el narrador y empedernido apostador Charles Bukowski, nació un nuevo proyecto encabezado por Fernando González Díaz Lombardo, junto con un grupo de socios entre los que se contaba el mismísimo Mario Moreno “Cantinflas”, el empresario tijuanense Max Paul y el profesor Carlos Hank González, entonces gobernador del Estado de México. Manuel Bartlett, director de Gobierno de la Secretaría de Gobernación, firmó esa concesión fechada en 1973 de la cual poseo una copia. Díaz Lombardo era entonces el dueño del periódico Ovaciones y se convirtió en el socio mayoritario y titular de la concesión del nuevo hipódromo que como ave fénix debería resurgir, literalmente, de sus cenizas.