Un fin de semana especial

Por Lucy Ocaña

La boda de mi sobrino con su novia de muchos años, fue el motivo ideal para trasladarme a Mexicali y poder convivir con mi familia y gente querida, que no tengo la oportunidad de ver seguido.

En otras columnas he comentado mis recuerdos de infancia con la familia y con el paso de los años, las convivencias van cambiando de acuerdo a la edad y las etapas que estamos viviendo. En esta ocasión, disfruté enormemente los diferentes eventos de convivencia a los que asistí con diferentes familiares.  Aparte de la boda realizada el viernes por la noche, que fue el motivo de la reunión familiar y a la cual asistimos la gran mayoría, el resto del fin de semana las reuniones fueron por grupos de familiares. Cada una con diferente motivo, escenario y edades… todas con mucho cariño.

Una de las cosas que se disfrutan en familia es vernos, abrazarnos, darnos el beso de saludo y comenzar a platicar para actualizarnos, pero como si no hubieran pasado meses sin vernos, sino como si un día antes hubiéramos estado juntos. Ver a los sobrinos que eran niños y ahora son jóvenes adolescentes, a los que eran jóvenes y ahora ya casados tienen también sus propios hijos. Ver cómo crece y crece la familia y que eso asegura la trascendencia de la estirpe, es una gran satisfacción.

La familia es grande, mis abuelos Joaquín y María de la Luz, tuvieron 10 hijos de los cuales 8 se casaron y tuvieron hijos. Mis abuelos les enseñaron el amor, respeto y la unión familiar, lo cual se ha ido trasmitiendo de generación en generación, por eso, cuando algún miembro de la familia decide unir su vida en matrimonio, ese elegid@ automáticamente se convierte en un miembro más de la familia.

Y se preguntaran, bueno y aparte de que nos cuente estas cosas (que quizá son intrascendentes para usted amable lector), ¿que nos trata de decir? Pues bien, lo que trato de trasmitir es que siendo la nuestra una familia numerosa (aproximadamente 118 miembros), donde ya van tres generaciones de jóvenes que han crecido y se han convertido en mexicanos de bien, podemos enorgullecernos de que no hemos tenido que sufrir el “descarrilamiento” de algún miembro de la familia, porque haya incurrido en delitos o peor aún, que viva del lado equivocado de la ley.

Estoy convencida que es la familia, el trasmitir valores, saberte miembro de algo más grande y más fuerte que uno solo, lo que te permite salir adelante.  Porque es algo que vives, que tienes el ejemplo cercano de lo bueno e imperecedero.

En estos tiempos de tantas tentaciones y peligros para la juventud, la unión familiar, la convivencia, el trasmitir valores con el ejemplo, es lo único que puede darles a nuestros hijos la fortaleza para salir adelante.

Si realmente queremos que México se reencauce; que se elimine o al menos se reduzca la violencia, que acabemos con la corrupción, que se respeten la leyes, que reduzcan significativamente las adicciones… tenemos que comenzar en la familia y continuar con una buena educación escolar.

Por lo pronto, tenemos una cita ciudadana este próximo domingo 5 de Junio: ¡¡¡Vamos todos a votar!!!