Un aeropuerto, no es México

Por Carlos Murguía Mejía

Los temas de la República son variados y todos importantes; unos más que otros con sus complejidades. El nuevo aeropuerto de la ciudad de México, por su ubicación, su costo económico y los personajes involucrados en el mismo, ha despertado el interés nacional por la postura de AMLO en cancelar el proyecto y por supuesto, la gran difusión mediática pocas veces vista; -por cierto, descalificando mayoritariamente la expresión del presidente de la república electo en tal sentido-.

Los que hablan a favor del mismo, dejan entrever que sus argumentos son de orden económico y que de cancelarse la obra generaría incertidumbre en los mercados financieros; sin embargo, estos inversionistas no hablan de que su inversión se soporta en las afores del trabajador mexicano y con recursos del gobierno federal; es decir, los recursos propios no se aportan y no entran en el apalancamiento económico. Tampoco dicen que la asignatura de obra fue entregada en forma directa y al margen de licitaciones públicas de la ley sustantiva. Discutible la ubicación del nuevo NAICM, atento al impacto ecológico grave y que por obvias razones los señores inversionistas desdeñan. Amén, del alto endeudamiento del Estado mexicano por esta magna obra.

¿Cómo se arribó a la conclusión de que el NAICM, es la obra fundamental y requerida para la patria en estos momentos? ¿Cómo discernieron y que metodología utilizaron para que esta espectacular obra fuese más importante que la atención prioritaria a los 40 millones de mexicanos que viven en pobreza extrema? O será acaso preferible este aeropuerto a otorgar una cobertura en salud, educación, vivienda, o fortalecer el campo mexicano. Es decir, y dicho de otra manera, México no es un aeropuerto, México es más que proteger y tutelar intereses de cuatro o cinco personajes que de ninguna manera quieren aportar recursos propios y menos poner en riesgo su fortuna; no, de ninguna manera puede hacerse “justicia en los bueyes de mi compadre”.

Es alarmante el grado de confrontación de estos personajes con la presidencia de la república electa, pero más alarmante, su silencio con el tema del Fobaproa, o del candente endeudamiento de México, con los crímenes e inseguridad del que está padeciendo México y ya ni qué decir de la corrupción e impunidad como en el caso de Odebrecht y tantos más.

La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos permite la inversión nacional y extranjera, así como la creación de fortunas pero también, habla de equilibrio social. La gente de empresa, de comercio, de industria son personas esforzadas trabajadoras y generadoras de impuestos; empero, los favorecidos con las obras de gobierno al margen de la ley y beneficiados de un sistema que permite la corrupción, de ninguna manera  pueden ser bien vistos ni aceptados.

La separación política-negocios YA. No más contubernio.

México requiere unidad, cohesión nacional y de la coparticipación de todos  para sacar al país de los rezagos que tanto lastiman.

Las posturas respetables de los diferentes sectores que conforman el policromo social deberá ser juicioso, responsable y particularmente con un alto sentido patrio. Los medios de comunicación televisivos, radiofónicos e impresos muy responsables en su actuar.

Puertos, aeropuertos, líneas telefónicas, televisoras, bancos, ferrocarriles, y “todo lo demás”, cuando fueron adquiridos bajo esquemas francamente muy dudosos, nunca provocaron la queja de  los adquirentes; pero ahora, con argumentos quizá ciertos, pero en contravención al diálogo, prefieren usar la diatriba, descalificación y ofensas por la medida que se toma. Lo cierto, es que ellos perdieron una elección de privilegios; y lo que se pierde en las urnas, no se gana en una mesa de negociación. Por la fuerza no y sin razón menos. México y su historia es más grande que un aeropuerto y muy superior a una oligarquía económica que deja mucho que desear.

Y que quede claro, no todos los empresarios son así, de ninguna manera, donde quiera existe gente correcta en todos los sentidos y con un alto espíritu nacionalista y patriota. En suma, México no debe ser campo de batalla entre nosotros, porque nuestro país requiere del amor y entrega de todos sus hijos.

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