Un 2022 entre Covid, ausentismo, vacantes y lo que salga en el camino

Por Héctor Fernando Guerrero Rodríguez

Se dice que para poder pronosticar de manera más acertada un año, hay que esperar a que termine enero. Ya que cuando se hace desde diciembre, el primer mes del año suele traer consigo sorpresas que dejan sin argumentos a todo pronóstico hecho un mes atrás y en el ámbito del capital humano, no es la excepción. Desde el intempestivo incremento al salario mínimo hasta los estragos que sigue ocasionado el Covid a los distintos centros de trabajo.

Ya en mi colaboración anterior comentaba de los retos a los que se enfrenta la industria con los amplios incrementos al salario mínimo en esta región por encima de la inflación del momento, uno de ellos incluso siendo equivalente al doble; lo que obliga a las empresas a hacer ajustes en su presupuesto destinado a la nómina, dejando quizás de lado algún proyecto de crecimiento para poder salir avante y no recurrir a recortes de personal.

En base a una encuesta conducida por ARHITAC el promedio que rige en la industria a partir de enero de este año es de $272.24 pesos diarios, no obstante, un número importante de compañías sólo han podido ajustarse a los $260.34 obligatorios por decreto. La primera cifra comprime las estructuras salariales o las traslapa, la segunda limita la competitividad.

Otro aspecto que ha impactado de manera implacable a las empresas es la pandemia en la que llevamos ya sumergidos por un par de años, pero ahora con su variante conocida como Ómicron. Que según dicen los que entienden del tema con profundidad es mucho más contagiosa pero menos letal.

El impacto ocasionado va desde el ausentismo por encima del 6% entre personal infectado o por aislamientos preventivos, aun cuando el promedio de vacunados en la industria sea cercano al 90%. A diferencia de hace un par de años, cuando el patrón absorbía el 100% de su ausentismo pagando permisos con goce de sueldo a sus empleados afectados, hoy el trabajador puede tramitar su incapacidad en línea como ha sucedido en el 76% de las empresas.

Sin embargo, inclusive con esta ventaja, el patrón debe ya sea contratar temporalmente al reemplazo o pedirle al resto de su plantilla que trabaje tiempo extra. En ambos casos significa un incremento en el costo de operación. Y si a lo anterior le agregamos que en este momento se reportan 19,000 puestos vacantes, en una dinámica en la que cada vez más personas que solían buscar empleo en las plantas de manufactura hoy se dedican al comercio informal, lo cual se ha facilitado de manera considerable con el uso de redes sociales, el sólo hecho de atraer candidatos en alto volumen sin que esto signifique un riesgo de contagio para los empleados actuales, se complica la operación de cualquier centro de trabajo.

Entre incrementos significativos al salario mínimo y una pandemia que no cesa, sino por el contrario cada vez se intensifica con una nueva variable, podemos pronosticar con mayor exactitud lo que puede venir en lo que nos resta del año que seguramente no será sencillo, pero que de alguna manera nos permite definir acciones que mitiguen el impacto en la medida de lo posible.