Trump y las mujeres; un magnate que se pasa de la raya

The New York Times entrevistó a decenas de mujeres que han trabajado con Trump o para él a lo largo de las últimas cuatro décadas, así como mujeres que han salido con él o han interactuado socialmente con él. En total, se realizaron más de 50 entrevistas.

 

Sus descripciones revelan acercamientos románticos que no eran bienvenidos, comentarios interminables acerca de la figura femenina, una astuta dependencia de mujeres ambiciosas y una conducta inquietante en los lugares de trabajo, de acuerdo con las entrevistas, así como con registros judiciales y relatos escritos.

Lo que surge a partir de las entrevistas es un retrato complejo y a veces contradictorio de un hombre provocador y las mujeres que lo rodean, un relato que desafía una categorización simple.

Al sentirse presionado por las afirmaciones de estas mujeres, Trump ha negado muchos de los detalles, como cuando le pidió a Brewer Lane que se pusiera un traje de baño. “Muchas cosas se inventan a lo largo de los años”, dijo. “Siempre he tratado a las mujeres con mucho respeto. Y las mujeres lo confirmarán”. Pero en muchos casos había una dinámica indiscutible: Trump tenía poder; las mujeres, no.“Fue intimidante”, comentó. “Se trataba de Donald Trump”.

 

En compañía de mujeres

 

Con la compra de Miss Universe Organization, Trump entró al negocio de las mujeres jóvenes y hermosas.

Temple Taggart, que fue Miss Utah a los 21 años, se sorprendió con lo atrevido que era Trump con las jóvenes participantes en el concurso en 1997, su primer año como propietario de Miss USA, una rama de la organización de concursos de belleza. Según recuerda, se presentó de una manera inusualmente íntima.

“Me besó directamente en los labios. Pensé: ‘¡Por Dios, qué asco!’”, dijo Taggart. “Estaba casado con Marla Maples en ese entonces. Creo que hubo algunas otras chicas a las que también besó en los labios. Yo pensaba: ‘Caray, eso es inapropiado’”.

Trump niega esto, pues dice que no suele besar a extraños en los labios.

Su nivel de participación en los concursos era intenso, y sus juicios, según las participantes, podían ser hostiles. Carrie Prejean, que tenía 21 años cuando participó en el concurso Miss USA en 2009 tras ganar Miss California, se sorprendió cuando descubrió que Trump evaluaba personalmente a las mujeres en los ensayos.

“Nos dijeron que nos pusiéramos la ropa del número de apertura —era casi tan reveladora como nuestros trajes de baño— y que nos formáramos arriba del escenario para que nos viera”, escribió en su libro de memorias “Still Standing”.

“Donald Trump se acercó con su séquito y nos inspeccionó más de cerca que cualquier general que haya inspeccionado a un pelotón. Se detenía frente a una chica, la veía de pies a cabeza y decía: ‘Hmmm’. Después repetía lo mismo con la siguiente. Tomaba notas en una pequeña libreta mientras continuaba”, escribió Prejean.

Continuó: “Se volvió claro que el punto de todo el asunto se trataba de dividirnos en las chicas que le habían parecido atractivas y las que no. El ejercicio le pareció humillante a muchas. Algunas sollozaban tras bambalinas después de que se fue, devastadas por haber sido incapaces, incluso antes de que la competición hubiera comenzado, de impresionar a ‘Donald’”.

En una entrevista, Trump dijo que “jamás haría eso”. Semejante comportamiento lastimaría egos y heriría sentimientos, afirmó. “Yo no lastimaría a la gente”, dijo. “Eso es hiriente para las personas”.

 

Una fijación con los cuerpos

 

Dentro de Trump Organization, la compañía que gestiona sus múltiples negocios, Trump interrumpía ocasionalmente reuniones de trabajo para opinar acerca de los cuerpos de las mujeres. Barbara A. Res, la exdirectora de construcción de Trump, recordó una junta en la que ella y Trump entrevistaron a un arquitecto para un proyecto en la zona de Los Ángeles. De la nada, según Res, Trump evaluó el estado físico de las mujeres en Marina del Rey, California. “Cuidan sus nalgas”, comentó Trump.

“El arquitecto y yo no sabíamos a qué venía eso”, dijo Res. Años más tarde, en la oficina, después de subir significativamente de peso, Res soportó un molesto comentario por parte de Trump acerca de su propio cuerpo. “Se ve que te gustan los dulces”, le dijo. “Me estaba recordando que tenía sobrepeso”.

Su colega Louise Sunshine recibió comentarios similares de Trump cuando subió de peso. Pero ella lo consideró un comentario de amigo, no un insulto cruel. “Él pensaba que delgada me veía mucho mejor”, dijo. “Me recordaba lo bella que era”.

A menudo Trump buscaba que los demás —a veces incluso extraños— le dijeran que las mujeres con las que vivía eran hermosas. Durante el concurso Miss Teen USA de 1997, se sentó en la audiencia mientras su hija adolescente, Ivanka, colaboraba con la conducción del evento arriba del escenario. Se acercó a Brook Antoinette Mahealani Lee, Miss Universo por entonces, y le pidió su opinión acerca del cuerpo de su hija.

“‘¿No crees que mi hija es atractiva? Lo es, ¿no?’”, Lee recordó que le dijo. “Yo pensé: ‘¿Es en serio?’ Eso es muy extraño. Tenía 16 años. Qué perturbador”.

 

Las mujeres, colegas de confianza

Para llevar a cabo sus negocios, Trump recurría a las mujeres por una sencilla razón: trabajaban más… a menudo mucho más que los hombres, les decía.

Cuando Trump contrató a Res para que supervisara la construcción de la Trump Tower, la invitó a su apartamento en la Quinta Avenida y explicó que quería que fuera su “Mujer Trump” en el proyecto, cuenta ella. Pocas mujeres habían alcanzado semejante posición en la industria.

“Trump dijo: ‘Sé que eres una mujer en un mundo de hombres. Y aunque los hombres tienden a ser mejores que las mujeres, una buena mujer es mejor que 10 buenos hombres’”, dijo Res. “Creía que me estaba halagando”.

Trump encomendó enormes responsabilidades a varias mujeres en su compañía… una vez que demostraban que valían la pena y eran leales. Sunshine tenía poca experiencia en el mercado inmobiliario, pero como había sido la mejor recaudadora de fondos para el entonces gobernador de Nueva York, Hugh Carey, ella cumplió un deseo que Trump había tenido toda la vida: le consiguió una placa de automóvil con sus iniciales, DJT, la cual adornó su limusina durante años.

Sunshine trabajó para Trump 15 años y se convirtió en una figura del mundo inmobiliario neoyorquino por cuenta propia. Res siguió en la compañía durante 12 años, se fue después de un desacuerdo en torno a un proyecto y luego regresó como consultora durante seis años más. Ambas expresaron gratitud por las oportunidades que Trump les había dado.

En un sector que se mueve rápidamente y que los hombres suelen dominar, la oficina de Trump destacó por su diversidad, recordó Alan Lapidus, el arquitecto que diseñó el casino Trump Plaza en Atlantic City.

“Trump es mucho más complejo que su personaje de caricatura. Las personas más importantes en su compañía eran mujeres, como Barbara Res”, dijo Lapidus. “De hecho, era sorprendente que cualquier compañía contratara a una mujer como directora de construcción. No sé de ningún otro constructor que tuviera a una mujer en ese puesto. El respeto a las mujeres siempre estuvo ahí. Por eso, a pesar de los comentarios que hace ahora —y solo Dios sabe por qué dice esas cosas—, las mujeres fueron la columna vertebral cuando estaba construyendo su imperio”.

Esposa, socia y arrepentimiento

 

Artículo completo en : http://www.nytimes.com/es/2016/05/18/un-magnate-se-pasa-de-la-raya-el-comportamiento-de-trump-con-las-mujeres/?em_pos=small&emc=edit_bn_20160722&nl=boletin&nl_art=3&nlid=74927217&ref=headline&te=1