Tres copas de vino antes de medio día

Por Ana Celia Pérez Jiménez

Las cosas que suceden cuando no las planeo son esas que van, vienen, pasan o no me pasan, las recuerdo o simplemente son como las 2 de la tarde en un domingo de esos que solo el murmullo es más de lo mismo, pareciera que la gente que pasa por mi banqueta y calle están en un continuo repetir, tan iguales, y sin vida; nada que me despierte que atraiga mi atención, que me jale como un imán a estar en el presente, que me saque del desván de mi cabeza.

Así arrullada en las horas, en el tiempo que es eterno cuando lo veo desde el horizonte de mi almohada y en un coma autoinfligido. Las hojas del árbol de mi ventana, el café en mi cómoda de hace dos días, las palabras que me orbitan, los deberes y una lista de mandado que cuelga del refrigerador de mi casa comparten el aire que respiro. Tres cartas que guardo y dobló y desdobló me entretienen la melancolía y me hacen liberar una que otra lágrima, todo los correos no leídos esperando en el mundo virtual que no envejece, que es eternamente permanente, ¡qué poco personal se ha vuelto todo!, ni cambiando mi fondo de pantalla soy yo o me es tangible, las fotos, los comentarios, las buenas vibras. 

Las frases positivas que no me hacen accionar, pienso solemnemente que no por tanto hablar de la iluminación y subir mensajes en la pared de noticias de mis redes se prenderá el bulbo de mi cuarto y mucho menos el de mi alma y ser, aquí todos creando aparadores, decorándolos, escarchando para que se los tomen y sentirse que están de vacaciones. Tumulto y separados, tantas elecciones y yo solo tengo sed, tanto precio para lo mismo donde yo solo sería feliz con pan y mantequilla y una que otra copa de vino de la casa.

Lo innecesario me sació, los libros me siguen enamorando y el humano me sigue decepcionando comenzando por mí, sabiendo tanto y no haciendo nada, me cepillo el cabello y aun se sigue cayendo, me maquillo pero hay días tan grises y faltos de ganas; juzgo y crítico al que así lo hace, el concepto de todos, uno en una píldora que trato de tragar con saliva y me hace toser todo ese efecto que en ella estoy esperando. La incoherencia, la nada, la bisagra de la puerta del armario que no he podido arreglar y el comentario que alguien me hizo hace dos años siguen vagando en este silencio de perímetro con olor a hospital. 

Necesito sol para poder usar mis lentes de copia barata que tapan la mitad de mi rostro, un sostén 34B para todo eso que ya no quiero sostener, una pregunta para desatar mi opinión e ira. Un glosario para allí encontrarme, una máquina del tiempo para irme y regresar y ver qué hice al final de esta vida, mi vida y quizá un par de paréntesis para poder editar escenas y agregar explicaciones y una que otra frase sarcástica e irónica, para el lector que sigo esperando.