Tour de antojos tapatíos

Por Adriana Zapién y Valente García de Quevedo

La semana pasada que escribí sobre el aniversario de Guadalajara y la historia de “Los Valentes”, al día siguiente de la publicación recibí el reclamo de mi amiga Silvana porque no hablé de la comida de Guadalajara. Así que en esta ocasión hablaré de lo que no se pueden perder para comer si van a la Perla de Occidente, pero lo haré desde la perspectiva de una típica tapatía que no se resiste a los antojos, porque así somos los tapatíos: antojadizos de naturaleza, o como dicen en mi familia “gusgueros”

Comenzaré contándoles que a diferencia de Tijuana, allá en mi tierra cenamos después de las diez de la noche, porque estamos acostumbrados un poco al estilo español, pues merendamos como a la seis treinta o siete de la noche y ya entradas las diez cenamos como Dios manda jajaja. Por lo tanto, si no se quieren perder las comidas típicas de mi tierra como un tapatío antojadizo pues ahí les va el menú:

En la mañana pueden comerse unos tacos al vapor de esos que venden en las esquinas; los típicos son de chicharrón, papa y frijoles, pero si quieren desayunar “más sano” pues nada como una visita al puesto de las Titas en el mercado de Santa Tere para tomar un quebrado, que es algo así como un  súper licuado energético hecho a base de leche, frutas, nueces y cereales.

Más adelante a la hora de lo que le llamamos el almuerzo a medio día, entre once y media y la hora del cenit (12:00 pm), pueden organizarse para comer unas tortas ahogadas, que son únicas en todo el país. La razón de ser exclusivamente tapatías es simple, y se debe a que el famoso pan al que los tapatíos llamamos birote salado es único; porque tiene la dureza suficiente para aguantar la zambullida en las salsas, que si son valientes podrá ser ahogada en la salsa de chile que parece fue preparada en el mismo infierno, pero si son delicados (como yo) pues pídanla medio ahogada.

Llegada la hora de la comida como las tres de la tarde, podrán pasar a comer unos tacos al pastor de los “Tacos Fonseca” en avenida Mexico o unos de carnitas en los “Tacos Providencia” en la calle Rubén Darío o los clásicos de cochinita pibil de “Los Laureles”, que en mis visitas a esta ciudad son imperdibles, porque además me recuerdan mi niñez. Si los tacos no son su opción pasen mejor a las carnes en su jugo Garibaldi que presumen ser el restaurante más rápido del mundo según el registro en el libro Guinness de 1996.

A la hora de la merienda podrían comer unos elotes con limón y sal de cualquier esquina, unas empanadas de crema o de plano ir por tostadas del santuario, que nada más de acordarme se me hace agua la boca.

Y finalmente para cenar no pueden perderse  las cenadurías del famoso barrio (fresa) de Santa Tere, donde podrán cenar tacos, sopes y enchiladas o un delicioso plato de pozole rojo al estilo Jalisco.

Obviamente esto no es lo único para la noche ya que hay una infinidad de opciones callejeras más, entre ellas los famosos “Lonches Leo”, los tacos de lengua en las taquerías nocturnas y los famosos tacos árabes.

Sin duda el repertorio típico para comer en Guadalajara es muy extenso pero estos son mis antojos que yo recomendaría y que extrañó ahora que vivo lejos de la ciudad donde crecí.