Tormenta de ideas para la Feria del Libro

Por Daniel Salinas Basave

danibasave@hotmail.com

En el anterior número de El Informador prometí incluir propuestas e ideas para tratar de hacer de la Feria del Libro de Tijuana un evento capaz de trascender los límites del estacionamiento de Plaza Río, así que manos a la obra. De entrada, lo primero que tenemos que plantearnos es qué clase de feria queremos tener o mejor dicho qué es lo que esperamos de la Feria del Libro de Tijuana. Creo que todos deseamos una feria que tenga decenas de miles de visitantes, donde se vendan muchísimos libros y los expositores puedan salir de ahí con alguna ganancia. Más allá de esos buenos y coherentes deseos, lo que sin duda marcará diferencias es una Feria del Libro capaz de dar de qué hablar más allá de las fronteras de la ciudad y poner a Tijuana en el mapa literario. Una Feria del Libro que influya en la gente, que motive a la lectura a quienes tradicionalmente se han mantenido ajenos y que deje una huella en la comunidad. Vaya, fantasear con que llegue el día en que una persona tome un avión desde otra ciudad y llegue a Tijuana con la única idea de visitar su feria, como cientos de viajeros van a Guadalajara cuando comienza la FIL. ¿Cómo lograrlo? Aquí van unas cuantas ideas.

1- Poner alta la canasta y apostar fuerte. Todo empieza por soñar en grande. La clave es que ese sueño, por grande que sea, tenga un cable a tierra con la realidad. Diseñemos en nuestras mentes la Feria del Libro ideal, la Feria del Libro que soñaríamos ver en Tijuana. Qué autores, qué editoriales, qué tipo de eventos nos gustaría ver en nuestra ciudad. Después preguntémonos cuál es el primer paso práctico para materializarla y qué nos hace falta. Las charlas de café y cantina están llenas de sueños guajiros donde el mundo siempre se arregla en la mesa. El problema es que cuando el café o la cerveza se acaban, el sueño vuelve a ser aire. La diferencia con los sueños que se materializan, es que se da un primer paso. Tijuana Innovadora, por cierto, también nació en una charla de café.

2- La Feria del Libro necesita patrocinadores. Después de tantos años de vacas flacas, creo que ya nos quedó claro que con el presupuesto del IMAC y las limosnas de Conaculta nunca tendremos una Feria del Libro que marque diferencias. Así las cosas, necesitamos incrementar de manera significativa el presupuesto. ¿Cómo lograrlo? Buscando patrocinadores fuertes. Empresas, marcas. No hay que tener prejuicios ni poner límites. A mí no ofendería que una marca de vino o de whisky patrocine un gran evento cultural. La Feria del Libro también necesita mercadotecnia ingeniosa, campañas creativas.

3- La Feria del Libro necesita un patronato. Toda buena causa filantrópica o institución educativa suele contar un patronato que le allega recursos. ¿No sería bueno que la Feria del Libro contara con uno? Un patronato integrado de preferencia por empresarios y gente que sepa hacer y conseguir dinero durante todo el año. Las grandes ferias de México, como la de San Marcos, tienen su patronato y no me digan que la de Aguascalientes es una feria cultural. Apoyar a la Feria del Libro no significa apoyar sólo a los libreros. Se apoya a toda la ciudad y se contribuye a su buena imagen.

4- Traer a grandes monstruos de la literatura. ¿Qué hace falta para que Mario Vargas Llosa venga a Tijuana? ¿Es una utopía pensar que nos visite García Márquez? ¿Cuáles son los pasos prácticos que debemos dar? Sí, ya estoy escuchando la perorata de las viudas de Roberto Bolaño: que si Vargas Llosa y Carlos Fuentes representan al gran capitalismo literario, que si el verdadero néctar narrativo es Mario Bellatin, que si debemos favorecer al underground. Bla, bla, bla. Te puede o no gustar Carlos Fuentes, pero estarás de acuerdo conmigo en que su presentación en Tijuana daría de qué hablar. Cierto, Isabel Allende nunca será Borges o Piglia, pero te aseguro que si la traemos a Tijuana tenemos casa llena. La señora, por cierto, vive en California. Vaya, nunca he leído Harry Potter o los libros de Crepúsculo, pero puedo jurarte que si logramos traer a J.K. Rowling o a Stephenie Meyer, la feria sería un hervidero de adolescentes entusiastas y eso siempre será mejor que una sala vacía.

5- Posicionar a la de Tijuana, como la Primera Feria del Libro de Hispanoamérica. Si el escudo de la ciudad reza orgulloso Aquí Empieza la Patria, nuestra Feria del Libro bien puede rezar Aquí Empieza Hispanoamérica. Podemos aspirar a ser la feria libresca fronteriza más grande y diversa. De hecho el concepto binacional o bicultural ha sido espantosamente desperdiciado por nuestra feria. Una alianza con universidades de San Diego o Los Ángeles puede traernos gratas sorpresas sin invertir demasiado. ¿No hay acaso escritores interesantes en California?

6- El comité organizador debe ser autónomo. La Feria del Libro debe tener un comité organizador ajeno a los gobiernos y sus intereses. Las instituciones culturales, léase IMAC o ICBC, deben tener un asiento en el comité, pero no fungir como orquestadores. Las universidades deben tener un asiento y por supuesto los libreros. Lo deseable es que en el comité se involucren escritores y editoriales. Gente que sepa de libros y sobre todo, que se apasione por ellos. En fin, el espacio se me está acabando en seis propuestas, pero por supuesto no son todas, así que en el próximo número de El Informador incluiremos otras tantas. Total, proponer no empobrece.

*El autor es periodista y ganador del premio Estatal de Literatura categoría Ensayo.

Compartir
Artículo anteriorAlma de Rarámuri
Artículo siguienteLos 300 eco-líderes