Todos tenemos un momento

Por Ana Celia Pérez Jiménez

Un momento en que pensamos en hacer las cosas diferentes, digo porque pensamos, porque no luego, luego es que lo hacemos, primero es el pensamiento y de ahí la planeación y de ahí la acción, privilegiados aquellos que pueden accionar sin pensar mucho, mira que yo soy fan de ellos. He leído de esos personajes, pero no vi tantos ejemplos de ellos cerca de casa y soy miedosa a lo ajeno.

Pero está es mi redacción y en ella mis personajes quizás se parecen a mí y tal vez no deberían, así como mis escritos. Tal vez debería dejarlos ser más libres y ver qué ocurre, escribir con verbos más voraces, más valientes, más largos y más ajenos a todo eso que me he permitido ser y que soy de acuerdo a este punto de dónde vengo y soy, sin embargo, eso también ya sería otra historia y suena un poquito más larga que una columna.

Regresando al tema, todos tenemos un momento, un momento donde podemos cambiar todo, no regresar a ese pasado, dejar caer esa torre que sostenemos, dejar derrumbar ese mundo que logramos, dejar caer esa ilusión que creamos. Y es válido, todo tiene validez sin más argumento, que la vida no es la escuela y no necesita justificación alguna, ni referencias válidas, una acción es suficiente y el daño emocional siempre será lo colateral, mientras no sea físico intencionado, somos suficiente en el texto y capítulo de nuestra propia vida sin conocer el título que llevaremos hasta el día que nos marchemos de ella y no lo digo en tristeza alguna.

La vida corre como tren de carga y a toda velocidad, aunque lo contemos en horas y segundos, pero su golpe es duro, fuerte y letal, ese cúmulo de experiencias, palabras que también en un segundo, momento, podemos todo echarlo de lado y hacer algo totalmente diferente y ser algo diferente y probarnos en nuevas aguas y aprender a nadar si solo nos enseñaron a flotar en ellas y mantener la calma.

Todos tenemos un momento de toma de decisiones, desde niños y lo vamos reafirmando en la vida creciendo, pero ese momento llega y siempre se bifurca todo, como esa bipolaridad necesaria, balanceada y no amenazadora que hace una persona.

Y en ese momento y en el desconcierto desconocemos todo lo que tenemos, pero todo es parte de un proceso, de eso latente, de eso que está viviendo.