Todos los caminos llevan a Roma

Por Juan José Alonso Llera

“Veni, vidi, vici”, “Vine, vi, vencí”.

Pasa la hora 5 de las 10 que estaremos en el aire y con lo que me queda de lucidez me inspiro y empiezo a escribir a los acostumbrados 36,000 pies de altura. No cabe duda que estas 2 semanas recorriendo Italia me sirvieron mucho para la reflexión, el descanso de las llamadas diarias y una bofetada de cultura, sin duda alguna siempre he externado que viajar es un privilegio y debería ser una obligación, así que agradecido con la vida les comparto algo de lo vivido es estas tierras.

Mas allá de la travesía, el vino, la comida, la historia, las fotos (típicas y no tanto), la compañía y una que otra compra, me queda en la piel la experiencia de la historia, el mundo y un recordatorio con mis creencias y con Dios.

La expresión “Todos los caminos llevan a Roma” simplemente se refiere a una realidad del Imperio Romano, momento en el que siguiendo cualquier camino se podía llegar a su capital. Hoy tiene muchas expresiones muy curiosas que usamos y, sin embargo, muchos no saben que significan.

Aludimos o decimos, cuando queremos demostrar que hay muchas maneras de llegar a un mismo objetivo. La expresión no existe solo en español. Es tan común que se dice igual en inglés, italiano, alemán o francés. Si eres muy técnico y no descifras la metáfora también está el mapa que establece una red de caminos y carreteras que cubre 26,503,452 kilómetros cuadrados, por lo que refleja 486,713 caminos posibles a Roma (jaja, por si las dudas).

Roma es una ciudad, capital de la región del Lacio y de Italia. Con una población de 2,857,321 habitantes,​ es el municipio más poblado de Italia y la tercera ciudad más poblada de la Unión Europea.​ Por antonomasia, se le conoce desde la Antigüedad como la Urbe. También es llamada La Ciudad Eterna (en italiano: Città Eterna).

En el transcurso de su historia, que abarca tres milenios, llegó a extender sus dominios sobre toda la cuenca del Mediterráneo y gran parte de Europa, Oriente Próximo y África del Norte. Como capital de la República y del Imperio romano, llegó a ser la primera gran metrópolis de la humanidad, centro de una de las civilizaciones antiguas más importantes.

Influyó en la sociedad, la cultura, la lengua, la literatura, la música, el arte, la arquitectura, la filosofía, la política, la gastronomía, la religión, el derecho y la moral de los siglos sucesivos.

Es la ciudad con la más alta concentración de bienes históricos y arquitectónicos del mundo; su centro histórico delimitado por el perímetro que marcan las murallas aurelianas, superposición de huellas de tres milenios, es la máxima expresión del patrimonio histórico, artístico y cultural del mundo occidental.

En 1980, junto a las propiedades extraterritoriales de la Santa Sede que se encuentran en la ciudad y la basílica de San Pablo Extramuros, fue incluida en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. Además, es el corazón geográfico de la religión católica, ciudad santa del catolicismo y destino de peregrinación y también la única ciudad del mundo que tiene en su interior una entidad estatal autónoma: el enclave de la Ciudad del Vaticano, que se encuentra bajo el poder temporal del papa. Por tal motivo se le ha conocido también como la capital de dos Estados.

En resumen: tienes que ir como viajero, peregrino y si eres banal hasta como turista.