Tijuana Una planeación adecuada

Por David Saul Guakil

La mayoría de los que transitamos esta ciudad todos los días, lo hacemos pensando en cómo está planeado el futuro para ella. Lo que vemos y vivimos no nos resulta del todo alentador, sobre todo pensando en las autoridades que se renuevan cada trienio y en ese lapso, una y otra vez, se encuentran con el mismo problema, una urbe que cada día es más complicada de transitar, con problemas de crecimiento desmedido, producto de nuestra privilegiada posición geográfica que nos sitúa como vecinos de las economía más grande del mundo, colindando con uno de los estados más ricos de Estados Unidos.

Siempre me he preguntado por qué las ciudades no adoptan políticas de logística empresarial para su desarrollo, desde mi respetuoso punto de vista, sería más práctico y mucho menos vulnerable, contar con una retroalimentación efectiva de lo que percibe y quiere la gente para su ciudad, por un lado, y por el otro, indicándole el camino correcto por parte de gente especializada en cada área, respetando la profesión y la experiencia de cada uno. No necesariamente todas las personas pueden y deben intervenir de manera directa, unos pondrán el “qué” y otros el “cómo y el porqué”, cada cosa en su lugar, sin invasión de tareas específicas, donde un doctor clínico no maneje la economía o pongan a un ingeniero agrónomo que se dedique a la planeación de una ciudad. Respeto por las funciones, no invasiones o intereses de partido que echen por tierra lo que podría ser una función pública exitosa, transformándose en la ocupación de un cargo como mero trámite administrativo.

Desgraciadamente se cae en la creencia -desde la administración pública- que las tareas estratégicas inherentes a una ciudad ‘cualquiera’ las puede hacer; ahí es donde empieza el problema y las soluciones no aparecen o se hacen esperar en demasía, tanto que nos sorprende luego con planes sin ejecutar porque llegó la hora de “pasar la estafeta” a la nueva administración, pagando los platos rotos la gente que sigue esperando soluciones.

No se trata de colores o partidismos exacerbados, sino de ser objetivos pensando más en beneficiar a Tijuana antes que cualquier otro interés, aprovechar lo bien hecho y corregir el rumbo en aquello que merece su revisión acuciosa de cosas mal planeadas o ejecutadas en forma deficiente, capitalizar esos errores, trabajar con metas efectivas y con un seguimiento sin intermitencias, porque sucede que en los proyectos magnos, la urgencia termina ganándole a lo importante y el quehacer diario ocupa la atención de las autoridades, más la presión de la ciudadanía por atender asuntos inmediatos y la misma distracción que produce la dinámica fronteriza -porque también hay que atender bien a los vecinos, por ser parte de nuestra economía-, hacen que se vayan posponiendo las cosas grandes “para mejor oportunidad”, descuidando el alto costo social de esta demora.

La ciudad cuenta con abundante material humano, profesional y ampliamente capacitado para poder resolver problemas mucho más complejos de los que nos aquejan. Hay bastante por hacer, es cierto, pero también debemos aprovechar y reencaminar lo que tenemos, pulirlo, reorientarlo y enfocarlo hacia los tiempos actuales y venideros.