Tijuana está en problemas

Por Manuel Rodríguez Monárrez

Una ciudad atormentada y el gobierno de Juan Manuel Gastélum no logra estabilizarse. Y no hay ningún asesor que por razones pragmáticas, sea capaz de convencer al Alcalde de corregir sus desviaciones. Y la causa principal no son las críticas de los regidores de oposición, sino la falta de una vocación real de servicio.

La inseguridad y la corrupción son los dos principales problemas que tiene Tijuana. Aunque el daño ya está hecho, y aunque parezca ingenuo, todavía habemos algunos servidores que creemos que no es imposible detenerlo por la vía legal. El ascenso de la criminalidad es en parte motivada por prácticas abusivas que terminan por establecer un poder autoritario más interesado en consolidar mecanismos oficiales para desviar dinero público para fines particulares que en cumplir con sus funciones básicas. 

La ausencia de un liderazgo democrático nulifica la posibilidad de disentir y sumado con la degradación moral por la que atraviesa particularmente este 22 ayuntamiento de Tijuana, tenemos como resultado la peor descomposición del tejido social que una comunidad pueda padecer.

Lo que me sorprende es nuestra capacidad de resiliencia antidemocrática, o lo que es lo mismo, aguantar tantos abusos, y sin chistar, ni mucho menos de organizarnos para  levantar la voz. Los golpes económicos que recibe la tesorería cada semana son escandalosos, aumentos presupuestales a contentillo de administradores corruptos que reciben instrucciones de acordar sobreprecios con proveedores, más de 9 contratos firmados con cláusulas de confidencialidad pactadas por parte de la oficialía mayor a nombre del ayuntamiento, la pérdida de 11 millones de pesos en un traslado de valores, la injustificada renta de camiones recolectores para la posterior solicitud de compra de refacciones por 25 millones de pesos que muchas de ellas van a terminar siendo propiedad de turbofin, la renta de patrullas y la obscena decisión de concesionar las luminarias a 15 años dilapidando cantidades millonarias que en realidad no se necesitan para resolver el problema de iluminación de la ciudad.

Pudiéramos enumerar muchísimas decisiones más que van directamente encaminadas a causar un daño patrimonial a las arcas de la ciudad. Pero una que nos tiene preocupados a los regidores es el constante desvío de recursos oficiales para fines ilícitos, como las famosas campañas de desprestigio o campañas negras que son instrumentadas por un círculo de jóvenes cercanos a la institución presidencial. Lamento mucho que personas sin escrúpulos estén incrustadas en la nómina presidencial y estén utilizando a extorsionadores profesionales para difamar a las personas que estamos tratando de marcar la diferencia en Tijuana y enderezar el rumbo de la ciudad.

Es necesario, que el Cabildo empiece a gobernar ya que se requiere tomar medidas drásticas para detener todas estas pillerías ocultas desde el oficialismo, contratos sobrevaluados que maximizan las ganancias personales, contraprestaciones accionarias en empresas fantasmas, moches a cambio de concesiones es el común denominador de esta etapa de caída libre en la que nos encontramos. Recabar firmas para lograr que el Instituto Estatal Electoral de Baja California instrumente un plebiscito para el tema de la concesión de las luminarias es un primer paso que debemos adoptar, aunque en realidad debería ser una constante. O seguimos a la deriva, o construimos juntos un nuevo sistema político en Baja California, ese es el dilema que los ciudadanos nos tenemos que responder a conciencia si queremos empezar a resolver estos que son problemas de fondo. 

Al fin de este trienio, la ciudad quedará en total estado de indefensión, con las cuentas vacías y los servicios privatizados, todo el presupuesto restante estará concentrado en asegurar la reelección de los mismos y seguiremos padeciendo todo esto sino no ponemos en marcha una verdadera revolución democrática.