Tijuana, entre el puente y los caballos

Por Virgilio Muñoz Alberich

La última edición del debate de alto nivel en materia de urbanismo metropolitano, al que nos tiene tan acostumbrados el actual Ayuntamiento de Tijuana, muestra de nueva cuenta la lejanía de la autoridad local de sus gobernados y el descuidado seguimiento de política pública hecho por la oficina del presidente municipal de nuestra ciudad.

A todas luces el puente temporal ubicado en el “PedWest” es una vergüenza para los usuarios, con potenciales implicaciones negativas en su seguridad y accesibilidad, ya no se diga en la imagen de uno de los cruces fronterizos más importantes del mundo. ¿En serio el Ayuntamiento se esperó al atornillado de la última tablaroca y a la soldada del último alambre para alertar de los riesgos, después de semanas de construcción frente a sus ojos? Lo peor, el alcalde se “encontró” con la situación deplorable del puente tras participar en la inauguración del “PedWest”. Así la atención de la autoridad con la infraestructura básica de la ciudad.

Tras el error, la estrategia es clara y está orientada a alimentar el argumento barato de culpar a funcionarios que “toman decisiones a tres mil kilómetros, sin conocer las dinámicas de una ‘ciudad de avanzada’ como Tijuana. Como si en pleno siglo XXI el intercambio de opiniones y la demanda de solicitudes entre autoridades, se diera en cartas escritas transportadas a caballo entre nuestra frontera y la capital política del país. ¿Dónde estuvo la autoridad municipal todas estas semanas, más aún cuando es emanada del mismo partido que controla el Gobierno Federal -lo cual supone mejor coordinación-, y en ese sentido el alcalde responsable de al menos aparentar la imagen del México en movimiento promovido por el Presidente?

Sandor Marai escribió en “La Mujer Justa” que los individuos se dan cuenta de los eventos importantes de su vida una vez ocurridos, justo cuando corren con urgencia al médico, al abogado o al sacerdote. Entre la falta de previsión, seguimiento y la ocurrencia de la autoridad local, esta reflexión aplicable a la vida personal, el Ayuntamiento de Tijuana lo está llevando con todos sus costos sociales a los planteamientos de política pública.

Así nos pasó con la imposición de la nueva tasa del IVA en la frontera, en la falta de recursos federales a nivel de lo obtenido en otras ciudades para el desarrollo de infraestructura estratégica, en el retroceso de últimos tiempos en las condiciones de seguridad y, ahora, en la cuestionable seguridad ofrecida por un puente temporal del que dependen cientos de familias en su desplazamiento diario hacia o desde la vecina San Diego.

De manera sistemática y por años, en estos y otros temas el Ayuntamiento de Tijuana ha esperado a que los caballos lleguen de la Ciudad de México con el mensaje adecuado, sin la menor intención de convocar siquiera un acuerdo amplio e incluyente, basado en nuestras potencialidades y riesgos de la prosperidad que nos permita dar prioridad a la acción en vez de al lamento.

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