Tijuana en Morelia

Guadalupe Rivemar

Vi una mariposa Monarca en Morelia. Es agosto y me dicen que las mariposas  llegan a Michoacán a principios de año por montones. Yo solo vi una, emocionada y fui persiguiendo a esa única  mariposa revoloteando por los arboles que están frente al Conservatorio de Las Rosas a donde  entré,  esperando encontrar una jardín lleno de rosas, pero igual, solo había una. Así las cosas uno piensa encontrar algo en un lugar y encuentra, otra muy distinta; en la búsqueda de las rosas, di con los lavaderos del exconvento, donde las monjitas tallaban sus hábitos y sus chones, una vez a la semana.  Después entré a uno de los patios y me senté, cansada de caminar, en una banca. No había nadie más. A lo lejos escuchaba algunas percusiones, unas notas de piano, el piar de unos pajaritos, cuando me percate de una enorme escultura al otro extremo del patio. Era una mujer sentada –como yo- y parecía ser la reproducción de alguna figura  al estilo de Zúñiga;  sostenía un instrumento de cuerdas pero sin cuerdas y su boca parecía como que cantaba o gritaba pero le faltaba el aire.  Sentí un poco de pena por ella, me pareció que estaba llena de palabras y de música pero no había modo de escucharla,  le tome una foto y salí del edificio. 

El margen para estas notas es muy breve. Ni modo de hablar de la historia de Morelia en 600 palabras. Ya caminar entre los muros del Colegio Nicolaita por donde el cura Hidalgo, y Morelos conversaban, es como para celebrar y escribir y escribir. Pero en que reglón entonces les diría   de las maravillas que vimos entre la colección de arte taurino que alberga el Centro Cultural de Tres Marías próximo a inaugurarse. Este espacio tiene además de la obra plástica, una biblioteca especializada en el tema de los toros y la historia de Morelia, donde se concentran once mil volúmenes. El espacio es único  en el mundo y cada libro está registrado de manera digital para facilitar ubicación, autores, editoriales, etc. Once mil volúmenes y décadas de rastrear este material por todo el mundo. Esa si es una verdadera faena ejecutada por el Doctor Marco Ramírez, quien nos recibió y amablemente, nos dio los pormenores del proyecto, mientras disfrutábamos de unas deliciosas carnitas, bien surtidas.

Pero que regocijo de paisaje, que claridad de cielo, que limpias las calles, creo que hasta tienen una distinción por la ciudad más limpia del país. El café espumoso, la nieve de chicozapote y las enchiladas  morelianas; y que tal las quesadillas de a medio metro, el chocolate de metate, para que les sigo contando. Mejor les platico que cerré con broche de oro la visita relámpago a Morelia. Resulta que en el Museo de Arte Contemporáneo Alfredo Zalce se anunciaba con bombo y platillo una exposición fotográfica de Ieve González, con la participación de Cesar Perlop, ambos talentos tijuanenses, formados aquí, en la Escuela Superior de Artes Visuales. La exposición fue todo un éxito, tres salas abarrotadas, un público de alrededor de trescientas personas enfrentándose a las imágenes de Ieve, según palabras de Jorge Conde: “imágenes de un carácter desconcertante, inquietante, abrupto y terrible”. ¿Cómo, es esto? No es raro encontrar artistas tijuanenses triunfando en espacios de gran prestigio, tampoco es raro escuchar que antes de presentar su proyecto en Morelia, lo presenten en la ciudad de Tijuana y sean rechazados, en este caso por exponer un tema “fuerte”. Por suerte, la censura, no inhibe el talento de creadores como Ieve y Perlop, que ponen en alto en nombre de Tijuana,  en otras latitudes. (Continuará).