Tijuana bajo fuego

Por dentro y por fuera

Ya es 2017, el año más violento en la historia de Tijuana. En tiempos precarios como estos, se debe responder con toda la fuerza del Estado para recuperar la tranquilidad de los ciudadanos en aras de evitar un mayor resquebrajamiento del tejido social.

Los reportes que salen desde el Consulado General de los Estados Unidos en Tijuana hacia Washington, son de una zona de guerra que carcome a diario el núcleo social más importante: la familia. Por un lado, la angustia y división que la pérdida de un ser querido genera y por otro el anhelo de salir de aquí rumbo a tierras más pacíficas, produce que no se genere un sentimiento de pertenencia y por el contrario la gente viva con miedo, encerradas en casas que cada vez más parecen cárceles por la cantidad de cerrojos que es necesario instalar para evitar que los amantes de lo ajeno entren en  propiedad privada. 

Pasamos de comités vecinales que instalan alarmas y cámaras de vigilancia, a padres de familias que ilegalmente prefieren portar un arma para auto-defenderse que seguir viviendo en este estado de abandono. Periodos que prueban la resiliencia de los tijuanenses ante una cultura de violencia que en momentos parece prevalecer sobre la cultura de la legalidad que es neutralizada por la corrupción institucional y la apatía ciudadana producto de los imperantes niveles de impunidad que todos padecemos. Bien dicen que la corrupción es un fenómeno mundial, pero la impunidad es algo muy mexicano.

¿Pero en realidad vamos por el camino correcto cómo hace 10 años, cuando hubo sinergias positivas para reinstaurar la paz y el orden? Veo con preocupación cómo el Presidente Municipal de Tijuana en al menos un par de ocasiones ha regañado públicamente al Secretario de Seguridad Pública, considero que estos señalamientos públicos debilitan el liderazgo del Secretario ante su tropa y qué en todo caso este tipo de actos sirven más políticamente como un intento de lavarse las manos de la falta de funcionamiento de las medidas tomadas qué cómo medida de apremio per se.

Por otro lado, mucho se ha criticado por elementos de la corporación que ni el Secretario Sotomayor, ni el director Chan, tienen carrera operativa en la Policía en Tijuana, ya que vienen de trabajo de escritorio de otra corporación y que esto les resta autoridad también ante sus subordinados. Y es que nadie duda hasta el momento de su honorabilidad, pero el evadir las comparecencias públicas ante Cabildo para abordar la problemática principal de la ciudad, en nada abona a la necesidad de resolver el problema.

Como edil, lamento mucho que en la pasada sesión de Cabildo se haya bajado arbitrariamente el punto a discusión sobre la fallida política de seguridad pública para este municipio, número uno a nivel nacional en delitos como homicidios, robos con violencia y robo de vehículos, y  también lamento que siga sin citarse a comparecer al encargado de la seguridad pública. Tijuana requiere de acciones políticas que construyan puentes en la pluralidad y logren crear mejores realidades a partir del diálogo, no es a través de la intimidación política sino del consentimiento como se construye un gobierno en democracia. La división y el encono político promovido solo abono al clima de inseguridad que todos padecemos.

Nuestra principal misión no es formar un bloque opositor sistemático al gobierno, sino transformar la realidad de omisión y abandono que hay en las colonias y entre los vecinos víctimas de delitos, ya que a diario llegan hasta nuestros oídos verdaderas historias de terror, de cómo los delincuentes empoderados por la nula capacidad de respuesta de las corporaciones policiacas están robando de todo y a todas horas. Es necesario que todos los servidores, incluido el Presidente Municipal entiendan que el coraje y la desesperación ciudadana son reales y la política del avestruz no ayuda a resolver el problema de una ciudad bajo fuego.