Teatrix.com

Por El Recomendador

Este Recomendador no quiere abusar de las censuras. Aunque es cierto que lo que miramos En Pantalla a veces está tan malo que no queda más remedio que recurrir a ellas. Las compañías que venden espectáculos producen muchos más bodrios, que buenas obras. No estamos precisamente, querido lector, en una época de gran auge en la calidad de los espectáculos. Y esto sucede porque la única brújula que orienta la producción es el recuento de los consumidores para ganar y ganar dinero.

Acabo de encontrar un producto muy recomendable: el programa teatrix.com. En él se cobra por mes y por semestre y se nos invita a ver teatro desde la butaca más cómoda de nuestra casa y se afirma haber escogido un repertorio para todos los gustos, cosa realmente muy difícil. La compañía, que es argentina, nos insiste en que nos teatrixemos con ella y nos promete que viviremos una gran experiencia.

Ante la casi total ausencia de buen teatro en nuestra ciudad de Tijuana, es natural que nos hayamos decidido a pagar la cuota, (alrededor de 150 pesos al mes por cerca de cien obras). Decidimos asomarnos a la tradición argentina que cuenta con abundantes compañías de teatro y con un muy numeroso público.

Las tres obras que hemos visto cuentan con buenas actuaciones y buena dirección.

Más adelante reseñaremos alguna obra que nos parezca muy buena. Por lo pronto, recomendamos ampliamente esta posibilidad. De hecho, todo universitario, culto es capaz de apreciar el teatro, al igual que puede hacerlo el pueblo, a condición de que ese arte sea capaz, como quería Lope, de hablarle en necio, para que entienda.

Los pueblos desde la antigua Grecia han gozado y se han civilizado gracias al teatro. Ahí la literatura trabaja en el espíritu humano produciéndole el gozo que los griegos llamaron catarsis (purificación). Se trata de una palabra venida de la Poética de Aristóteles y que consiste en una purificación emocional, corporal, mental y espiritual. Mediante la experiencia de la piedad y el temor (Eleos y Phobos), los espectadores de la tragedia son capaces de experimentar la purificación de sus propias pasiones (Cfr. Wikipedia).

En efecto, las buenas obras de teatro nos purifican de nuestras más bajas pasiones al verlas proyectadas en los personajes de la obra. Al mismo tiempo, que nos hacen amar las virtudes y las acciones más nobles de los personajes del drama. El teatro nos envuelve, nos involucra, nos permite desarrollar nuestro sentido de la prudencia que es capaz de distinguir al bien del mal, a la injusticia y a la injusticia.

Al terminar de ver la obra, nos damos cuenta de que nos entendemos mejor a nosotros mismos y hasta podremos experimentar en cabeza ajena. Moderaremos, quizá, nuestro orgullo desmedido, que es el causante de la mayoría de nuestros males; nos desbloquearemos para evitar aquellos que, gracias al teatro hemos percibido, ahora sí, con mayor claridad.

Cabe recordar que los pueblos del Anáhuac fueron convertidos al cristianismo, en gran parte, mediante el teatro del que se aprovecharon los misioneros y que con él lograban las experiencias religiosas. Las antiguas posadas venían siendo un buen ejemplo de estas, mientras conservaron su teatralidad evocadora.