Te llame a las seis

Por Ana Celia Pérez Jiménez

Si removiera todos esos adornos de mi persona y de mi vida, ¿qué me quedaría? ¿Quién sería yo sin tantos artefactos, colores, vestimentas e intentos de lujo? Quizá ahí saldría mi néctar, mi esencia, yo en verbo y quizá sin nombre, sin tanta paja, sin tanto extra que en vez de llenar solo vacía la realidad, la fachada, entre otras cosas.

Para decir verdad la rutina social no me llena, el verme al espejo después de arreglarme no me hace ser una persona más segura, los elogios de otros no me afectan mi autoestima como tal, solo me mienten a mí y a la idea de mí, ese holograma que todos ven; pero al final del día yo soy el artista de ese holograma, quien lo diseña, colorea, edita sus movimientos, rocía de aroma y lo encasqueta en palabras, da la apariencia.

Pero bien recordemos de nuevo que allí el punto clave es el “artista”, ese personaje detrás de bambalinas que lo es todo, que así como puede crear nuestros mejores escritos con las palabras más elaboradas y mejores líneas, también tiene la disciplina de buscar e ir por todo lo deseado, en la apariencia por aquello proyectado en su idea, por aquel concepto que desea llenar y puede así darnos a lucir desde el cuerpo y estilo más envidiable y deseado, al igual que puede marginarnos en la sombras con muletilla de algún estimulante, para que así duerma al proyecto y al artista porque desea sumergirse en las consecuencias de su pasado y nadar con sus pecados.

El creador en nosotros siempre conversa, siempre habla, evita el silencio, siempre está ocupado reflexionando, actuando, planeando, le tiene algo de miedo a las no palabras, a lo no descrito, a la conciencia; porque sabe que si la encontrara se daría cuenta de la irrelevancia de su trabajo, como cual capitán de un barco pirata que siempre estuvo varado. Pero en fin nuestro yo “creador o artista” siempre  dirige y da papeles protagonistas al igual que los quita, es el personaje que está más cerca de lo que es, de lo que somos en conjunto, del todo y lo creado, del devoto y el milagro.

Quizá es la mejor manera de subsistir, vivir, andar por la línea y no sé, quizá a veces es mejor seguir dormidos por la vida, para no despertarnos a la mitad de una edad y sentir que se ha llenado de cosas tan efímeras y tenemos que indagar duro para saber qué nos cultivó, qué nos hizo brillar, cuando en verdad nos reflejamos y cuando solo estábamos siendo parte de un punto que gira en círculos por los años, en historia siendo una sociedad de reloj y su contenido de arena… Todo esto en una tarde de reflexión y de histeria.