Te extraño, pero me resigno a vivir sin ti

Por Juan José Alonso

jjalonso@grupoconsultorefe.com

Hoy me he levantado como todas las ma- ñanas (tarde por supuesto), me preparé un delicioso cafecito y me alisté para tomar un avión rumbo a la gran Tenochtitlán, para cumplir como un guerrero mi cometido académico, caminando por el pasillo de abordaje, en donde te ponen un sinnúmero de periódicos y revistas gratuitos, acostumbro hojearlos todos y dejar empapelado el lugar que me fue asignado por los usureros de Aeroméxico; de repente me entró una nostalgia (como muy pocas veces me pasa) sentí que faltaba algo dentro y fuera de todos los diarios, ustedes se preguntarán, ¿Juanjito qué te faltó mi rey? Y la respuesta rápida sería: el TV Notas o la revista Quién (que de repente alguien me las platica).

Pues no, sentí un gran vacío dentro de mí, al ya no encontrar jamás al genial Germán y su “Gaceta del ángel”, así que decidí dedicarle, dedicarme y dedicarles (a mis tres lectores) algunos pensamientos, frases y anécdotas, sobre mi profunda admiración a este genio de la vida cotidiana y factor fundamental en mi deformación mental.

Hoy a 635 días de su partida, mismos que Montiel y sus ratas han descansado (aunque sea un poquito), y a un mes de su cumpleaños 68, me siento triste y a la vez energizado, porque si Dehesa viera el movimiento #YO SOY 132, regresaría del cielo a “cuchilearlos” diría él, porque es cuando todo en esta vida vuelve a tener sentido, es inaguantable que haya candidatos que traten de hacer creer a las personas que ser estúpido, vulgar e inculto es una moda.

Cada cosa que decía invitaba a la reflexión, a la sencillez del lenguaje (Monsiváis tenías que haberlo imitado) y al buen humor, el decía “se necesita tener pelo y pocas ideas para estar en televisión, así que yo no me siento cómodo ahí, me encanta la palabra, por eso prefiero la radio”, prueba irrefutable de esto es la peruana oxigenada que tiene harto pelo, y con las ideas nos queda a deber por varias generaciones, pero es líder en el rating.

Admiré tu valor, cuando por circunstancias de la vida fui a verte en “La planta de luz” y estaba el presidente Salinas en primera fila, y tú con tu palomilla no se amilanaron nunca y le espetaron sus verdades a la cara (lo menos que le dijeron fue pelón y enano); otra vez me impresionaste, cuando en una conferencia en la Universidad de San Diego, recién muerto Sabines, nos tiraste un rollo, hablaste de todo y de nada, pero nos desternillamos juntos de la risa una hora continua y al final estábamos como estúpidos oyéndote recitar poemas de Jaime.

“Todo está en el poder de las palabras”, no tienes madre por haberte ido tan pronto, nos dejas un México: herido, inconforme, empobrecido, harto y quizá priista.

¿Quién va ahora a causarle insomnio a Arturito? Me quedo con lo muy bueno que me dejaste, sólo me faltó darte un gran abrazo, pero tu obra ahí está, para releerla, repensarla y también para requererte. Diría Ortega y Gasset:

“No soy yo. Soy yo y mis circunstancias. Si no se salvan ellas. Tampoco me salvo yo”.

*Profesor de Posgrado de Cetys Universidad e Ipade Business School.

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