Tasende

Por Pedro Ochoa Palacio

A Víctor Vilaplana

Uno de los personajes más reconocidos en el mundo del arte en la vecina ciudad de San Diego, California, es José María Tasende.

Nacido en Bilbao, España, Tasende tuvo una infancia difícil enmarcada en la Segunda Guerra Mundial, de la mano de su madre encontró su primera vocación artística, el cine. Al grado, según me ha confiado, que cuando vio la magnífica cinta Nuovo Cinema Paradiso (Guiseppe Tornatore, 1988), vio su vida reflejada en la del inolvidable Toto, “pensé que era la película de mi vida: el hijo, la madre, el entorno devastado por la guerra y el cine, no como escape, sino como medio de penetrar la realidad, de asirse a ella y abarcar el mundo”. Posteriormente llegó a América como jugador de Jai Alai.

Cuando empezó a descender el interés por el deporte de la pelota vasca, Tasende encontró su segunda vocación estableciendo en Acapulco una pequeña galería artística de hotel. Los clientes, en su mayoría norteamericanos, le pedían obra de ese artista mexicano emergente que estaba dando mucho de qué hablar en New York: José Luis Cuevas. Así buscó a Cuevas en la Ciudad de México, estableció una prolongada amistad y lo representó por décadas.

De esta manera, inauguró en 1979 Tasende Gallery en La Jolla, California con reconocidos artistas como el propio Cuevas, Eduardo Chillida, Henry Moore, Giacomo Manzú, Lynn Chadwik, Andrés Nagel, entre muchos otros. Actualmente promueve la obra del extraordinario artista mexicano Armando Romero y representa al clásico contemporáneo Fernando Botero. De todos ellos ha organizado exposiciones, verdaderos y sorprendentes sucesos del ambiente artístico del sur de California. También ha publicado espléndidos catálogos que contribuyen al conocimiento del arte.

La galería en sí misma es una obra de arte, fue diseñada por Robert Mosher, el arquitecto del Puente de Coronado. De medianas proporciones el espacio es muy funcional, la terraza frontal, el mezanine y la planta baja permiten la exhibición de obra de arte y esculturas, de mediano y gran formato, para ser apreciadas en un ambiente profesional e íntimo.

En 2012 regresó a su primera vocación, el cine, y publicó ¡Acción!, un homenaje al director norteamericano John Ford, porque Tasende coincide con Orson Wells que cuando le preguntaron por sus tres directores favoritos respondió: John Ford, John Ford y John Ford.

En la primera parte presenta una breve semblanza de Ford, pero también nos ofrece un recorrido minucioso por las 22 cintas más representativas de la filmografía de Ford. Sobre cada una de ellas, desde El Caballo de Hierro hasta Siete Mujeres, Tasende elabora un penetrante y profundo ensayo, no como las recomendaciones de fin de semana, sino por el contrario, están llenos de referencias literarias, culturales, éticas o de ciencia política, al más puro estilo del cubano Guillermo Cabrera Infante, por ejemplo, en Cine o Sardina, (1997), quien ha afirmado: “Tengo una teoría sobre la crítica de cine: no hay más que tres respuestas posibles a una película, y las puede dar cualquier espectador: me gusta, no me gusta, me es indiferente. El resto es literatura”.

Cuando Tasende me pidió que elaborara una presentación sobre su libro ¡Acción!, aventuré una hipótesis. El órgano vital de Tasende es el ojo que empezó a desarrollar en las salas de cine de la mano de su madre, en la lejana infancia, para luego atisbar la velocísima pelota del frontón y, posteriormente, poder identificar las mejores piezas del arte contemporáneo universal para brindarlas en su galería. El globo ocular de Tasende es inquieto y preciso, no se fija en un solo punto para poder abarcarlo todo.

Así, cuando concluya la pandemia, no deje de visitar ese pequeño museo que es la galería Tasende en La Jolla, California.