Suicidarse políticamente en Facebook

Por Daniel Salinas Basave

El gurú del pop art, Andy Warhol, dijo que en este mundo todos podemos aspirar a tener 15 minutos de fama, frase que es perfectamente aplicable a quienes cometen pifias en redes sociales, aunque para su desgracia no es la clase fama con la que ellos soñarían.

 

Lo único seguro en el caso de Liliana Sevilla, conocida ahora como #LadyEuropa,  es que nunca en el resto de su vida olvidará ese desafortunadísimo comentario sobre su destino europeo y los indígenas mexicanos.

Haga lo que haga y emprenda lo que emprenda, difícilmente podrá desarrollar en su carrera otra acción que la ponga tan rápidamente en la mira de la opinión pública nacional y que tenga la fuerza mediática suficiente como para eclipsar semejante estupidez.

Si aspiraba a ser diputada, regidora o cualquier posición que le permitiera seguir viviendo a futuro de la ubre pública, ahora le tendrá que decir adiós.

En redes sociales la catástrofe es siempre más rápida que el éxito. Ser bocón e imprudente puede  materializarse en cuestión de minutos en un drástico e inmediato derrumbe del que es muy complicado recuperarse.

En la plaza pública de Facebook los efectos de un error se multiplican con mucha mayor velocidad que los de un trabajo acertado. Convertirse en nota nacional  por un acierto es algo complicado que a menudo requiere mucho trabajo y constancia, pero en cambio una burrada  puede traducirse en un rapidísimo salto a la fama.

Para un funcionario de segundo o tercer nivel que solamente es conocido en el ámbito local, ser tomado en cuenta por la prensa nacional es casi imposible, pero un tropezón con un comentario soez como el de Liliana, atrae de inmediato los reflectores. ¿Cuándo iba a soñar Sevilla con ser nota en el noticiero de Carmen Aristegui?

Las redes suelen ser como mares embravecidos cuya corriente arrastra sin clemencia. Para aquellos que han cometido un error también cabe la comparación con caer en un pantano de arenas movedizas: entre más se mueven para salvarse, más se hunden.

Parece ser que los políticos mexicanos siguen sin entender el poder y el alcance de las redes. No se han dado cuenta que mantenerse activos en Facebook o en Twitter es el equivalente a estar en un mitin las 24 horas del día, sujetos al permanente escrutinio y evaluación de miles de personas.

El uso de expresiones discriminatorias, actitudes racistas o clasistas, ostentación de riqueza o frivolidad extrema, simplemente reflejan su ínfima calidad moral y humana y las redes no perdonan.

Para algunos las redes son tribunales crueles e injustos que hacen leña del árbol caído. Hay mucha hipocresía y doble moral, es cierto, pero yo creo que debemos mostrar cero tolerancia ante el clasismo, la prepotencia y la ostentación a la que son tan afectos los políticos mexicanos. Lo peor es que la política está infestada de personajes cuya calidad humana,  mentalidad y visión del mundo son idénticas a las de Liliana Sevilla. La única diferencia, es que no son tan tontos de publicarlo en Facebook.