Por Dentro y Por Fuera: Sublime gracia

Por Manuel Rodríguez

Los hombres aspiramos a la felicidad y la queremos para siempre.

Ese deseo de búsqueda de lo mejor es lo que me ha llevado a escribir y a poder compartirles en breves espacios como éste, fragmentos de mi vida y  anécdotas que espero que en algo les ayudará a mis lectores a encontrar su camino. Y ya que hablamos de caminos, les comento que recorriendo los propios, he podido comprobar que Dios nunca olvida su promesa de amor, a veces tenemos que sobrellevar momentos duros al tomar difíciles decisiones que provocan cambios drásticos en nuestras vidas, pero al aprender a confiar en Dios y poner todo en sus manos, sabemos que cualquier cosa que nos pase será para nuestro bien.

Bajo la gracia de Dios todo opera a nuestro favor, aun cuando la situación parezca adversa. Cuando hace algunos años, me sentía perdido, decidí que llego el momento de tocar fondo y trabajar en una transformación personal.  Me dedique a fortalecerme en cuatro aspectos que considero fundamentales en la vida de un hombre: primero, aprender a ser un padre responsable;  segundo, trabajar de forma consistente en el mejoramiento de mi salud a través de la actividad física y la alimentación; tercero, redefinir mi contribución social a través de mi trabajo diario; y cuarto, redescubrir mi relación personal con Dios; es decir, quién es Dios para mí y qué propósito tiene él en mi vida. Cuando me encontraba trabajando en el último punto, encontré una sublime forma de amar.

Conocí a la persona que Dios me envió como compañera de vida, y aunque su gracia me cautivo desde un inicio, fue Dios el que después de un tiempo de oraciones no contestadas se manifestaba en una forma tan clara y directa como cuando ves un relámpago en el cielo, así conocí a Rudciel, mi esposa, y así me enamoré de ella de una forma súbita y total. En ella la belleza, la verdad y el bien son tres en uno. Nunca imagine encontrar una compañera que además de su belleza pudiera compartir conmigo una veneración por lo justo y lo bueno. 

Desde mi óptica la mayoría de las parejas que se unen hoy en día y que fracasan en su intento por ser felices, se debe a que buscan la felicidad instantánea en satisfactores equivocados, pero no buscan a Dios. Muchas historias de amor comienzan de una manera similar, un hombre conoce a una mujer se enamoran, se casan e intentan vivir felices para siempre, pero no lo logran. Las condiciones en las que mi esposa y yo nos conocimos y nos unimos son casi milagrosas, así que para Dios nada es imposible.

Lo que hace que una historia de amor perdure y sea sublime, son la serie de pruebas que se tienen que atravesar para entender que el verdadero amor llega cuando el deseo se convierte en acuerdo y el acuerdo en crecimiento espiritual.

Si yo les contara todo lo que mi esposa y yo tuvimos que pasar para encontrarnos en los azarosos caminos de la vida, tendría que escribir una serie de artículos como este, pero déjenme resumir nuestro amor en una frase en la que a veces pienso, y que me gustaría que apareciera en mi epitafio: “Aquí yace un hombre amado por Dios que en vida tuvo la dicha de conocer el verdadero significado del amor”.

Pero muchos me preguntan antes de que nos digas cuál es el significado del amor, mejor dinos cuál es el significado del nombre de tu mujer; y aunque en realidad su nombre es la conjunción de los apellidos de sus padres, he llegado a entender que el verdadero significado de su nombre es: “sublime gracia”, pues los que la conocemos sabemos que es una mujer de una sublime sensibilidad espiritual y delicada gracia. Haberla conocido es como haber encontrado un alma virtuosa que te hace fecundo en el amor y cuya hermosura jamás se extingue.

El misterio de nuestra relación es que su fe en el amor está sustentada en la misma promesa de amor que Dios nos hizo a los dos. Así que si Usted es de los que comulga con esta clase de amor y aún sigue en la búsqueda,  lo invito a que no se dé por vencido, porque el verdadero amor existe, es real y es sublime.

*El autor es Director de Deitac