Somos mucho más que dos: Benedetti

Por Pedro Ochoa Palacio

Hace unos días se celebró, en el ámbito literario de habla hispana, el centenario del natalicio del escritor uruguayo Mario Benedetti (Paso de los Toros, Uruguay, 14 de septiembre de 1920 – Montevideo, Uruguay, 17 de mayo de 2009), siendo quizás lo más sobresaliente la publicación de la antología poética que ha preparado el cantautor catalán Joan Manuel Serrat bajo el sello de Alfaguara.

Benedetti se convirtió en fenómeno de masas desde mediados de los setenta. Reconocido por su activismo y compromiso político en contra de las dictaduras latinoamericanas, mal endémico de nuestro continente en aquella década, lo que le afectó personalmente, provocando su exilio en España por diez años sin poder ver a su familia.

Cuentista, novelista, dramaturgo, articulista y poeta. En cada una de estas disciplinas dejó piezas memorables. La serie de relatos “Montevideanos”, sobre las clases medias ascendentes uruguayas; la famosa novela “La Tregua” sobre el amor otoñal, llevada al cine con gran éxito e incluso nominada al Óscar; la pieza dramática “Pedro y el Capitán”, sobre la tortura política; y los poemas recogidos en el icónico álbum de Serrat, “El Sur también existe”, o magistralmente musicalizados por Alberto Favero e interpretados por la inigualable voz de Nacha Guevara.

Destaca particularmente el poema “Te quiero”, del ciclo de canciones de amor y desamor: “Si te quiero es porque sos, mi voz mi cómplice y todo”, en el que logra interpretar que el amor como sentimiento individual se convierte en una experiencia colectiva e incluso política: “te quiero porque tu boca sabe gritar rebeldía” o, “te quiero en mi paraíso/es decir, que en mi país/la gente viva feliz/ aunque no tenga permiso”. Otro señalamiento a la falta de libertades en las oprobiosas dictaduras latinoamericanas. No se pueden omitir, “Poemas de otros”, “Quién de nosotros”, “Inventario” y “El cumpleaños de Juan Ángel”.

La visita de Benedetti a México en 1997 al Palacio de Bellas Artes fue simplemente apoteósica. Al decir de la editora Marisol Schultz: “Fue impresionante ver cómo el público, jóvenes sobre todo -en promedio 20 años- comenzaron a corear: se sabían todos sus poemas; Benedetti estaba impactado” (Reforma, 14/09/20). Esto sucedió ante un recinto abarrotado y con pantallas exteriores que seguían la pausada lectura poética de Benedetti. Tal y como le había ocurrido a Jaime Sabines un año antes en la misma sede.

Sin embargo, Benedetti, asegura Javier Aranda Luna, fue considerado por el mundo literario “un poeta menor… en el mejor de los casos”. Siendo el propio Aranda quien acota: “el mejor crítico de cualquier obra es el tiempo. No lo mueven modas, intereses o la miopía habitual de cada época. No se anda por las ramas. Por lo pronto, en el centenario del nacimiento de Mario Benedetti y a 11 años de su deceso, sus cuentos y novelas, y al parecer sobre todo sus poemas, siguen gozando de buena salud entre los lectores pese a lo que digan en el circo literario”.

El severo crítico literario mexicano Emmanuel Carballo apunta en el mismo sentido, “Benedetti sin proponérselo, es un escritor original e irrepetible, inevitable para comprender y valorar los acontecimientos en América Latina a partir de 1959. El poema, el cuento, la novela, la pieza de teatro, el artículo político, el ensayo histórico y el literario, la crónica, el estudio crítico adquieren, ejercidos por él, categorías de obra de arte y testimonios emitidos por un hombre insobornable que desconoce la santurronería y la práctica saludable del sentido del humor”.

A Benedetti le caracterizan dos aspectos, por un lado, es un escritor comprometido con las causas de la libertad política. Su obra sale de los corrillos literarios para colocarse en la militancia callejera de izquierda. En más de un sentido, es la respuesta de América Latina y las letras de emergencia ante el abuso y los excesos represivos de los gobiernos militaristas sudamericanos, como puede apreciarse en el vibrante “Padrenuestro Latinoamericano”. Y, sobre todo, le define un estilo sencillo, un lenguaje directo, auténtico, profundo y conmovedor.