Somos, del verbo ‘Ser’

Por Ana Celia Pérez Jiménez

Todos tenemos un mundo interno del que nadie sabe al respecto, todos de forma «Humanoide» de distintos tamaños, formas, colores y sabores; cual si fuéramos productos en una repisa de  pasillo de mercado. Me gustaría pensar que somos como libros, libros que andamos por las calles, vivimos, amamos, odiamos, pretendemos; guardamos dentro de nosotros belleza, historias, experiencia, el primer granito de vida, los rostros de los seres que nos han marcado y al igual que las historias que han hecho de nosotros lo mismo. ¿Qué nombre tendrían nuestros capítulos?, ¿cuántas hojas tendríamos?, ¿qué tipo de letra sería nuestra predilecta?, ¿cuál sería nuestro grandioso prólogo, y qué persona usaríamos como referencia?

Somos tan complejos para ser descritos, amados o juzgados en una totalidad, nunca seremos vistos como «pensamos ser» al igual que esa definición del «ser» va cambiando por segundo. Todos tenemos razones y «por que’s» y no es necesario andar por el mundo justificándonos o explicándonos, porque para ser sinceros no todo mundo lo merece o en realidad están tan interesados. Ahorremos esas grandes historias y laberintos para aquellos que también te abran sus puertas. 

Somos como cometas y nuestro cuerpo es el astro, nuestra historia esa cola larga que solo a distancia y en el horizonte puede ser vista. Es muy sencillo crear juicios, vivimos en ello y de ello y muchos terriblemente para ello. Pero olvidamos que todos venimos de distintos puntos en la vida, de diferentes familias, experiencias, realidades. Solo vemos la fachada, los zapatos, el peinado, su moda ignoramos todo lo demás y los ojos la mayoría de las veces nos detienen siempre en el punto más superfluo.  

Es muy sencillo calificar lo que solo se ve, es muy sencillo decir «que conocemos a alguien», es muy sencillo condenar a ese mismo, es sencillo reírnos del caminar de alguien, es fácil burlarnos de las carencias o defectos, pero no sabes que quizá esa misma persona de mala cara, o de facha desteñida no tenía ganas de levantarse esa mañana y estar de pie ese día es su mayor  logro. Todos estamos organizando, sobrellevando, administrando, superando en nuestro mundo interno, con obstáculos, voces, muchos buscando «la normalidad» y muchos otros buscando «la locura». Dejemos que la gente sea, que pasen, que rían, que no sonrían, dejemos sin etiquetas, demos el  respeto a esos que andan y a los que no andan, porque es el mismo que nosotros merecemos. Todos estamos en esto llamado «vida» juntos, coincidiendo en este tiempo, compartido aire, el mismo aire. Somos, todos somos siempre, somos estando consciente de ello o no, siendo uno. Y cierro con este refrán que tantas veces he escuchado decir a mi madre: ¡arrieros somos y en el camino andamos!