Solos contra el virus 

Por Daniel Salinas Basave

Muchas veces hemos escuchado aquello de que a la hora de la verdad, cuando el escenario se torna adverso y la catástrofe nos avasalla, a los mexicanos nos brota el inquebrantable espíritu solidario, la nobleza de carácter y superando nuestras diferencias y desacuerdos, nos unimos en un mismo frente y trabajamos hombro con hombro. Ejemplos así se vivieron en los terremotos de 1985 y 2017 o se han vivido en episodios de desastres naturales, como fueron las lluvias de 1993 en Tijuana, pero la triste realidad es que en medio de la gran pandemia de Covid-19 que nos lacera desde hace casi un año, este espíritu altruista ha brillado por su ausencia, al menos a un nivel macro.

Cierto, hay esfuerzos aislados, espontáneas muestras de solidaridad y apoyo entre particulares, pero al final del camino la única conclusión es que estamos solos frente al Covid-19. Si el virus llega a inocular en nuestro cuerpo, dependemos en gran medida de lo que nuestro organismo y su sistema de defensa puedan hacer contra el agente patógeno o en segunda instancia, del heroísmo individual y la abnegación de los trabajadores de la salud, que con muy pocos recursos han salvado tantas vidas.

Sería hermoso decir que existe un engranaje sanitario e institucional perfectamente aceitado en donde podemos tener la garantía de que si nos enfermamos, tendremos a nuestra disposición una cama y un respirador, pero la cruel realidad es que en Baja California impera la ley del sálvese quien pueda. Para miles de familias, cada día significa un vía crucis, yendo de aquí para allá a tratar desesperadamente de conseguir tanques de oxígeno, arriesgándose a ser estafados, como tantas veces ocurre, o a pagar groseras cantidades por la falta de regulación.

Basta entrar a los grupos de enfermos de Covid que se han formado en redes sociales para constatar esta terrible realidad. Ante semejante escenario, uno imaginaría que los tres niveles de gobierno, trabajando en equipo con cámaras empresariales y colegios médicos, estarían con las pilas puestas, creando centros de distribución de oxígeno en cada municipio regulados por la autoridad, con tanques a bajo costo o a precio controlado. Quisiera ver al gobierno anunciando que el Centro de Convenciones o los enormes edificios de los Ceart, son habilitados con camas de hospital y respiradores o son convertidos en centros de distribución de equipamiento y medicinas. Quisiera ver al gobierno simplificando o agilizando trámites funerarios o de cremación, digitalizando procedimientos, flexibilizando cobros. Quisiera escuchar propuestas, acciones e ideas innovadoras, pero resulta que lo que escuchamos es al gobernador Jaime Bonilla llamando a expropiar el Campestre, o peleándose públicamente con sus múltiples adversarios, o vemos cómo los actores políticos se despedazan luchando a brazo partido por miserables candidaturas mientras los números de contagios y muertes siguen batiendo sus indignantes marcas cada día.

Me tiene sin cuidado lo que pueda pasar con el Club Campestre (por mí que lo expropien y lo hagan parque) pero me pregunto honestamente si ese es el tema prioritario en estos momentos para Baja California o si acaso creen que las miles de familias que tienen enfermos en casa o en hospitales debatiéndose entre la vida y la muerte, son muy felices viendo como el gobernador Bonilla y el alcalde González Cruz concentran sus esfuerzos y su energía en despedazarse en un mezquino y miserable pleito que sólo refleja bajeza y enanismo político.

Hoy, más que nunca, tendríamos que estar unidos en un solo frente, haciendo equipo, pero al parecer la miseria humana se impone hasta en situaciones límite. La Historia y la enfermedad no nos absolverán.