Solitud: “solus” solo y del sufijo “tud” que indica alguna cualidad o índole

Por Ana Celia Pérez Jiménez

Creo que en la vida adulta ya no se teme a los monstruos, o tal vez sí pero a esos que se esconden en la llamada “soledad”. Ayer me preguntaba entre el cotidiano divagar: ¿por qué le tememos a la soledad?, porque al describir la mala vida de alguien o las consecuencias de alguien siempre está el adjetivo de “solo”, “era una persona sola”.

Y dentro de mis respuestas pensé: porque desde niños nos asustaron con esa soledad, con esa tal vez y hasta cierto punto individualidad, siempre nos decía o al menos en mí caso: “te vamos a dejar sola”, en tema de amenaza o un buen “allá tú, te vas a quedar sola” o bien me advertían de todo lo que podría llegar a mi estando sola y obviamente en ese momento indefensa y claramente me atemorizaba quería todo menos eso.

Y entonces pensamos en la soledad como un ático, un sótano donde van las cosas viejas y olvidadas a guardarse, pero nosotros no somos cosas aunque a momentos las queremos imitar, somos seres humanos como bien la banda argentina Almendra lo advertía en su canción “color humano” ¡y sí!, con ello por naturaleza nos viene eso de socializar y agruparnos, eso no lo digo yo, lo dice la filosofía y lo confirma la sociología.

Hablando de esa naturaleza, yo también encuentro a la soledad como un estado individual, la solicitud  y ahí también pasa mucho, con nosotros y con nuestras muchas personalidades o niveles de espectadores internos, contando al narrador o bueno tal vez aquí ya me ando descubriendo yo y mis desórdenes mentales, pero la verdad es que la soledad es bonita, es creativa, es dialogadora, retadora, es hacer la vida como debería de ser: ¡para uno mismo!, y de ahí lo que se añada, pero creo que erróneamente desde niños o tal vez antes, desde que sencillamente comenzamos absorber, nos enseñan a actuar para los espectadores imaginarios y unos que otros reales, esos espectadores que también tienen su propia vida e intereses.

Pero pienso y creo que va a eso de la enseñanza, la soledad es una casa, un mundo, de colores y no, es todo y es sincera, y es amorosa al grado que somos amorosos con nosotros mismos, no, no es un espejo, la soledad es el amor o el odio por uno mismo eso es ella. Y la mía, la mía ya es amiga, algunas tardes hasta compartimos vino y una que otra reflexión sobre ella misma.