Sobrevivir un día más

Por Maru Lozano Carbonell

Esto contesta Maurice Martin de 62 años, veterano de Estados Unidos.  Ciudadano de Mississippi que estuvo en combate en varios lugares y que, después de servir y pelear por su país, su gobierno de repente lo abandona en algún sentido y trunca su imaginación y sueños personales.

Me platicaba Maurice -entero físicamente- que el gobierno te arranca de donde puedes formarte como humano: De tu familia, de tu sociedad, de la educación y productividad para injertarte en un entorno y formarte como “no humano” en sitios de conflicto.

Maurice deja todo para servir a su país porque no se le hace justo que su familia también se involucre en “el conflicto”, y se aleja no nada más literalmente, sino emocionalmente. Mientras estuvo en batalla, Maurice pensaba: “Declino, me regreso a casa o me dedico a mantener enteras todas las partes de mi cuerpo”. Sabía que cada decisión lo llevaría a vivir consecuencias para siempre. Ya ahí, sigue adelante.

¿Qué pasa cuanto todo acaba? ¿A dónde regresa? ¿En qué estado físico y emocional? Y es entonces donde comienza la verdadera batalla.

Maurice me lo dijo rápido y corto: Estuve sin casa varios años, me dediqué a beber, luego a drogarme, intenté suicidarme en dos ocasiones y ahora mismo estoy agarrado de “servir a los demás”.

Él logró salir adelante, vive solo, cada tres frases me decía: “No soy un buen hombre, he cometido muchos errores, tú no querrás hablar conmigo después”.  Pero yo pienso que, si estás en combate y te dan drogas para evitar el dolor físico e incrementar tu rendimiento, ¿qué formaron? ¡Un adicto!  Maurice ahora pertenece al Consejo Directivo de “Veteranos por la Paz” y trabaja para que los veteranos tengan sus beneficios del gobierno como servicios de salud física, emocional, sus pensiones, etc. Dice que es triste que un Presidente te ponga en la guerra y no haya un Congreso capaz de recibir como se debe a sus servidores, les falta compasión y legislar para que vivan dignamente.

Esta plática me llevó a contactar a Robert Vivar, un deportado que es Co-Director en “Unified US Deported Veterans” donde su lema es: “Leave No Soldier Behind”.

Robert dice que con falsas promesas y chanfle hacen firmar a los “Dreamers” su ingreso y ya que pelean y regresan -sabrá Dios cómo- entonces los deportan.  Cientos de Veteranos en Tijuana de 32 a 75 años de edad, fueron llevados de pequeños a los Estados Unidos y fungían como residentes y, aunque algunos tienen papás que ya obtuvieron su ciudadanía, los deportan cuando inician sus procesos. Les prometen -al firmar su ingreso a las fuerzas armadas- que se tramitará todo, pero con los cambios que van teniendo de plazas, sus procedimientos se interrumpen. ¿A dónde llegan? Robert y sus oficinas están en PedWest. Ellos los reciben y tratan de re-insertarlos a la sociedad, les asesoran, les buscan abogados pro-bono, repatriación. Buscan también representantes acreditados que pueden reclamar al otro lado las pensiones, compensaciones médicas, etc.

Ellos trabajan con la Asociación de Maurice Martin y otras más, pero requieren acá de médicos, de psicoterapeutas, víveres y artículos de oficina. ¿Te gustaría ayudar? Ahora mismo, desde Tijuana ellos trabajan con San Diego State University en un proyecto para estudiar el estatus de los deportados y lograr soluciones. ¡Qué duro!