Sobre la marcha

Por Adriana Zapién y Valente García de Quevedo

El pasado viaje a Polonia fue la primera vez que viajé sin tenerlo definido todo. Solo tenía claras dos cosas: asistir al Foro Ubano Mundial en Katowice Polonia y aprovechar conocer un nuevo país. Así que solo tenía asegurado el vuelo de Tijuana a Madrid, el vuelo de Madrid a Cracovia y las 6 noches de hospedaje en Katowice, donde se realizaría el Foro.

Todo lo demás respecto a hospedajes en otras ciudades, transportes e incluso contrataciones de tours las estaría resolviendo en el camino, ya que quería sentirme con la libertad de diseñar el plan sobre la marcha.

Y si un día amanecía pensando que era mejor cambiar de ciudad o actividad, entonces ajustaba el plan y como viajaba sola no tenía que consultarlo con alguien más.

Eran mis primeras vacaciones después de la larga pausa obligada por la pandemia. Así que decidí llevarla tranquila y si me daban ganas de sentarme toda una mañana en una cafetería a leer, escribir o simplemente observar sería un plan excelente.

Este viaje rompí muchos paradigmas, como no tener todas las reservaciones resueltas. Viajé relajada, con una mentalidad más de inmersión, que en plan turístico. No me apresuraba por la mañana a menos que tuviera una conferencia o tuviera que tomar un avión.

En Katowice renté por una semana un lindo apartamento que estaba en una zona boscosa de la ciudad, así que el aire se sentía limpio y la vista era hermosa, por lo que aprovechaba a tomar mi café de la mañana tranquilamente en el balcón. Era mi espacio y mi tiempo, solo mío, así que decidí hacer lo que yo quisiera, al ritmo que se me diera la gana. Salir de la rutina y cambiar de lugar ya significaba descansar de lo cotidiano.

El desafío de tomar decisiones sobre la marcha en este viaje era algo que había decidido conscientemente de que sería un ejercicio para mí y que me serviría tanto para mi vida personal como profesional.

Y esa es una de las razones por las que disfruto tanto viajar. Cada viaje me hace avanzar en todos los aspectos de mi vida. En este viaje el reto era tomar las mejores decisiones cada día en medio de la incertidumbre. 

Cuando hablaba con Valente me preguntaba cuál era mi plan qué al día siguiente. Y le contestaba que todavía no sabía; él no lo podía creer. Siempre le contestaba “No lo sé, voy a ir un día a la vez”. Un día en la sala de espera del aeropuerto de Cracovia antes de abordar el vuelo a Barcelona seleccioné y reservé en línea el hotel donde dormiría ese día. Otro día en el tren a Madrid iba hablando por teléfono con Valente y me preguntó: ¿dónde vas dormir en Madrid? Y contesté “no sé”.

Él solo exclamó: ¡Por Dios! “Tengo una esposa que vive el filo del peligro, inicio de verano, es temporada alta, qué tal si no encuentras un buen lugar”. Yo solo conteste: “tranquilo tú confía”, entonces colgué la llamada, exploré booking.com y encontré un hotel con una oferta y ubicación inigualable frente al museo El Prado resolviendo donde dormir el resto del viaje.

Todos los días tomé decisiones sobre la marcha, elegir entre opción “A” y “B”, como tomar el tren a Katowice a las 12:26 o las 13:06, ir a Auschwitz un viernes o el sábado, o decidir si quedarme en Barcelona tres días o uno. Solo les puedo decir que esa libertad aun con la incertidumbre, me fue de maravilla y altamente didáctico.