Síndrome de Stendhal o el “mal” de la belleza

Por Pedro Ochoa Palacio

¿Puede la belleza llegar a hacernos sentir mal? Me refiero a que hay fuertes versiones de que el arte renacentista, armónico y puro puede generar malestar psicológico y físico. Hace más de dos siglos el escritor francés Stendhal (pseudónimo de Henri Beyle) vistió Florencia para estudiar pintura italiana y fue tal el impacto anímico que le provocó la obra clásica que se sintió enfermo: “Estaba ya en una suerte de éxtasis ante la idea de estar en Florencia y por la cercanía de los grandes hombres cuyas tumbas acababa de ver. Absorto en la contemplación de la belleza sublime, la veía de cerca, la tocaba por así decir. Había alcanzado este punto de emoción en que se encuentran las sensaciones celestes inspiradas por las bellas artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de la Santa Croce, me latía con fuerza el corazón; sentía aquello que en Berlín denominan nervios; la vida se había agotado en mí, andaba con miedo a caerme”, narró Stendhal, en su diario el 22 de enero de 1817.

El escritor Stendhal es reconocido como uno de los más importantes de Europa en el siglo XIX, autor de Rojo y Negro (1830) y La Cartuja de Parma (1839), su obra se caracteriza por la profundidad psicológica de los personajes y es considerado como uno de los primeros representantes del realismo literario.  También escribió Nápoles y Florencia: Un viaje de Milán a Reggio e Historia de la Pintura en Italia (publicados ambos en 1817), donde relató su admiración por la pintura renacentista y las emociones extremas que le habían provocado.

En 1979 la psiquiatra florentina Graziella Magherini ante la recurrencia de pacientes con mareos, vértigos y desvanecimientos después de visitar galerías y museos lo categorizó como Síndrome de Stendhal o el mal de la belleza. Hoy en día, la psicología clínica reconoce el trastorno como verdadero, le denomina también Síndrome del viajero o Síndrome de Florencia. La doctora Magherini escribió un libro clásico de la psicología moderna, El Síndrome de Stendhal (1990), donde explica puntualmente las causas y efectos del “mal de la belleza” y relaciona los 106 casos que atendió en Hospital de Santa María Nuova en el centro de Florencia, entre 1977 y 1986.

La belleza artística es concebida para el regocijo espiritual, pero puede llegar a tener tal fuerza en el espectador que satura los sentidos provocando sudoración, mareos, incluso alucinaciones, vértigo y palpitaciones, en fin, un malestar generalizado, como lo sintió Stendhal en aquel remoto 1817.

El escritor Santiago Gamboa analiza la primera escena de la maravillosa cinta La Grande Belleza (Paolo Sorrentino, 1989), que la relaciona directamente con el Síndrome de Stendhal: “¿Qué es lo que le pasa al japonés que cae al suelo, al lado de la fuente del Agua Paola del monte del Gianicolo, mientras observa desde lo alto la panorámica de Roma, al principio del filme La gran belleza? No se da ninguna explicación, pero podría tratarse de ese síncope que produce la excesiva contemplación de lo bello y que se conoce con el nombre de síndrome de Stendhal. Fue Stendhal quien primero describió ese malestar, a lo largo de sus viajes por Italia, que incluye pérdida de equilibrio y desmayo. Son los peligros de la belleza, de la gran belleza”. (Nexos, 1, diciembre, 2014).

Por supuesto que hay médicos que no le dan crédito científico al literario mal de la belleza y que los síntomas pueden deberse a los antecedentes clínicos de los pacientes como la hipertensión y otros males más ordinarios. Sin embargo, en diciembre de 2018 se registró otro caso: “En la Galería de los Uffizi de Florencia, un turista italiano de visita en el museo se empezó a sentir mal justo mientras contemplaba El nacimiento de Venus, el cuadro que Botticelli pintó en el siglo XV para representar cómo la diosa Venus emergía del mar. El hombre estaba sufriendo un infarto, pero la suerte hizo que cuatro médicos romanos se encontraran visitando la pinacoteca a la vez; uno de ellos, cogió con prestancia el desfibrilador automático -un aparato para aplicar descargas eléctricas y restablecer el ritmo normal del corazón-. El varón se salvó, pero el evento no llamó demasiado la atención del director de la galería, Eike Schmidt, que dedujo lo que había pasado: el hombre era la última víctima del Síndrome de Stendhal” (El Español, 18 de diciembre, 2018).