¿Sinceridad o falsedad?

Por Maru Lozano Carbonell

¿Qué prefieres? ¿Contestarías “sinceridad” por pensar que la verdad es buena y la mentira es mala?

Si empezamos por analizar la “mentira” como algo que enoja o hace rabiar, tienes razón. Pero, ¿por qué molesta tanto una mentira? Yo creo que la mecha que enciende todo pudiera ser que se creía en alguien resultando no ser como pensamos; no duele tanto la mentira, sino que ahora tendremos que cambiar nuestro proceder.

En cuanto a la verdad, realmente la idea de lo que significa está vinculada a nuestro sistema de creencias, podríamos llegar a una conclusión de que la verdad es relativa, subjetiva, además de cambiante y parcial.

Una persona que usa la mentira ¡teme al juicio del otro y a sus consecuencias! El mentiroso “ya se juzgó antes y por eso actúa así”, sabe perfectamente cómo reaccionaría la otra persona; por eso se cuida momentáneamente. Quien miente desea controlar, tener el poder, algo de seguridad y aprobación.

Realmente no es deseo natural lastimar gente al ocultar la verdadera necesidad que uno tiene en la vida, pero parece ser que la mentira significa felicidad y la verdad infelicidad. ¿Será posible?

Tal vez aún tengamos que refugiarnos en algunos mitos, idealizaciones, sueños y nos demos cuenta que aún necesitamos de algunas mentiras en donde encontrar algún descanso. Es válido que cada quien decida cuál es el precio que desea pagar por lo que quiere obtener y elegir qué es lo que queremos es decisión nuestra, pero el momento en que queremos saberlo es mucho más importante, todo dependerá de cuando uno esté preparado para enfrentarse.

Si te fijas, cuando un niño miente acerca de su tarea y cosas de esas, pensamos inmediatamente que él quiere seguir su objetivo en ese minuto, el cual está muy lejos de ser lastimoso o tonto, simplemente cambia la verdad por el reto de vivir intensamente su anhelo. Y si ese mismo niño ya creció y tiene cincuenta años, oculta sus hechos y pensamientos, pero lo cachamos en la mentira, no da risa, da dolor; sin embargo, estamos hablando del mismo niño que desea seguir fervientemente su convicción de ordenar sobre sí mismo.

Aquí se trata de respetar al otro y de tener en cuenta que lo que decimos tiene efecto dominó sobre muchas personas y que es importante calibrar nuestros deseos para estar tranquilos a la hora de actuar, ya sea en la casa, en la sociedad, en el trabajo, donde sea. Aquello que nos hace sentir tranquilos a la hora de hablar es lo adecuado, solo que habría de equilibrar nuestra dosis de verdades y de mentiras antes de expresarnos preguntarnos: “¿Para qué digo esto? o ¿para qué me callo lo otro?” y solita llega la sabia actitud que nos dará alivio al momento de relacionarnos con los demás porque, acordémonos que nunca podremos huir de nosotros mismos y esa carga que llevamos dentro, pesa o aligera en la medida que sepamos desear lo que se debe desear. ¡Cuidemos la reputación porque vivirá más años que nosotros!

La mentira distorsiona los hechos reales y tendríamos que estar muy atentos a los factores como las ilusiones ya que dificultan el proceso de encontrar la verdad y refuerzan el seguimiento de una falsedad. “Darse cuenta” ¡es la clave!