Sin orden de ideas 

Por Ana Celia Pérez Jiménez

¿Cómo puedo soltar yo? Sí me aferro a cada palabra, a cada esqueleto de memoria, a cada prenda en el ropero ¿cómo puedo olvidar yo? Yo que me visto de recuerdo, los combino con melodías, me dan tema de conversación, cuentos privados, unos toques de anhelo y algunas partituras de profundidad. Diría que  práctico el olvidar como ejercicio matutino, de ese que haces en ayunas para potencializar su efecto, pero ahí, justo ahí mentiría y hoy no ando de humor para calumniar a nadie, ni siquiera a mí misma. Yo atesoro lo que cargo, pesa y mucho, pero hace tiempo le dejé de llamar condena, es más como un tipo de escenario portátil, dónde soy persona y actuó; tengo caretas para mí elenco, vestuarios y escenografías y a veces como a eso de las seis de la tarde si ando de antojo leo poesía. No soy el personaje principal en estos campos, pero toda la ambientación es de autoría propia, incluyendo lo bizarro y lo digo de manera aclaratoria, por si había algún tipo de duda.

Todos los días amanecen conmigo tantas historias, unas que me cuento, otras que despiertan conmigo y otras que se cuelan con el amigo de confianza, sin ser así invitadas; hacen de mi cabeza una rueda de la fortuna y aquellos que me conocen saben que las vueltas me marean, pero no tomo pastilla para ello. Es por eso que de repente me dan unas ganas de escribir algo, ¡no sé qué!, pero drenar, sacar algo del cúmulo dentro, evitar reventar, la explosión, el desbordamiento o alguna inundación terrible como la que casi destruye a todos mis habitantes a mis veintiún años, a esa edad cualquier atadura es letal. Dicen que todo debe vivir en un perfecto balance, pero creo que en mi vida casi no se aplica, será porque detesto las balanzas o cualquier cosa que requiera medir un peso, admiró el trabajo de Newton obviamente y soy amante de besar el suelo, pero no soy fan de toda esa fuerza, toda esa plataforma, todas esas manzanas caídas. Atraigo el caos y yo a él, digamos que tenemos una relación, sólo que ninguno de los dos tiene el valor de formalizarla, por medio a las críticas, a los consejos o a los rumores que de nosotros se pueda saber; así que nos amamos en privado, no sé, quizá esta aventura sea algo momentáneo.