Sin necesidad de himno

Por Ana Celia Pérez Jiménez

Me pidieron hablar de logros y de esas metas que uno alcanza y yo me puse a pensar que quizá las mías se van contando por los días, en el sencillo poder sonreír, el poder contenerme en momentos que sólo quiero estallar, o quizá deba regresar más temprano en el sencillo lujo de pararse y alistarme para el día, porque hay días que eso representa un verdadero reto. Pero mis logros son pequeños, grandiosos y ocultos, como el lograr saltar del miedo, hacer las cosas con miedo y  andar a pesar de ello.

Cómo pretender que sé algo de lo que estoy insegura no del conocimiento pero sí de mi presencia. Cómo decirles a muchos que mi logro es pretender los días que siento que soy sólo una máscara, como cuando despierta mi cuerpo pero no mi alma, no sé a dónde se escape. Y así van mí logros como pequeñas carpetitas de mesa de sala, sin ser mucho, siendo solo mías y con un uso muy específico.

Hay momentos obviamente que me gustaría ser de esas personas grandiosas que se suben al pedestal y después les dan un trofeo o medalla, pero en cuestiones físicas el deporte nunca se me ha dado, y en cuestiones psicológicas apenas me estoy reconociendo.

Es que debo decirles que mi reloj de tiempo es muy variado, mi edad no fue lineal, y yo apenas recorro la madurez entre una joven y un adulto como si apenas baje los dos pies para aterrizar con mi paracaídas. No que antes estos años no hubiera tenido una vida, pero quizá hice todo al revés y al mismo tiempo todo tuvo sentido. Y eso mismo es lo que pienso y siento que apenas le estoy dando a mi vida, por fin logro concentrarme en lo que quiero, leer mis libros sin apuros, acostarme sin molestia, ser aburrida sin complejo. Y a la fiesta sí me invita pero pocas a veces la atiendo, no soy grande, soy mía y cuando uno se pertenece a sí mismo noto que cambian algo las reglas.

Me sirvo sólo a mí, para y de mí. Me hago feliz y me impongo nuevas reglas basadas en mis conocidos vicios y también formas escurridizas, me quiero y soy paciente, no me grito ya ni me maltrato, así no funciono aunque yo antes creía lo contrario. Voy al día, me voy conociendo, cada día con una nueva oportunidad quizá de sorprenderme de mí misma, del día, de la fecha o tal vez de la hora.