Sin fracaso no hay éxito

Por Jorge Ojeda

 


Uno de los principales obstáculos que enfrentan los emprendedores mexicanos es el miedo al fracaso. Estamos expuestos a grandes cantidades de información que reproducen y deforman las dimensiones del fracaso en todos los ámbitos. Aun cuando en la última década de este siglo se han multiplicado los discursos que fomentan la vía del emprendedurismo, estos son tan optimistas que los escuchamos con desconfianza.

 

 

El temor a iniciar un negocio induce a pensar que la estabilidad es la mejor defensa contra el fracaso. Fuimos educados en el método de lo seguro, y a menudo descartamos iniciativas por simple convencionalismo.En nuestro país, únicamente el 8% de los mexicanos son empresarios, lo que sugiere una de dos: o en México es extremadamente difícil consolidarse como empresario, o los mexicanos no se plantean (al menos no seriamente) la vía empresarial. ¿Tanto se ha devaluado el emprendimiento? ¿Tan arraigado es nuestro miedo al fracaso?

 

Es comprensible que cualquiera prefiera seguir el camino de lo tradicionalmente comprobado. Se considera que las ventas son un negocio inestable (y mira que para emprender hay que saber venderse), mas una empresa que no vende quiebra inevitablemente. Emprender implica invertir a largo plazo, tomar riesgos económicos, someterse a jornadas laborales desgastantes y enfrentar una contingencia tras otra. Todo esto sin contar las cuestiones legales, administrativas y contables… Parece, en fin, que estoy haciendo una lista de ocupaciones impopulares. Sin embargo,puedo asegurar que no hay persona exitosa que no reconozca en estos elementos a viejos amigos.

 

Todos los grandes han fallado. Thomas Edison falló 10 mil veces antes de dar luz con un foco. Michael Jordan, erró más de 9 mil tiros a lo largo de su carrera. Bill Gates, uno de los hombres más acaudalados del mundo, fracasó desastrosamente con Trad-O-Data, pero probablemente hoy estás leyendo esto en uno de los productos de su exitosa compañía, Microsoft. Milton Hershey vio desmoronarse tres negocios de dulces antes de crear los chocolates que todos conocemos, e incluso Google, el gigante de internet, ha invertido en varios proyectos fallidos y olvidados.

 

En la trayectoria de estos casos, curiosamente americanos, se vislumbra la inspiradora costumbre del aprendizaje y la innovación propiciada por los errores. En Estados Unidos el fracaso es admisible en tanto se saque de él el mejor provecho. De hecho, su cultura del emprendedurismo entiende que fracasar y compartir es más beneficioso que hacerlo de manera silenciosa.Las mejores organizaciones son siempre las más dispuestas a discutir sus errores.

 

No hay, pues, nada razonablemente monstruoso en el fracaso, y ser exitoso no significa lograrlo al primer intento. El fracaso es útil como método preventivo, al igual que la experiencia y el sentido común nos sirven para evitar acciones estúpidas. Ninguna persona verdaderamente exitosa se ha dejado amedrentar por una perspectiva engorrosa, ni ha desistido al primer tropiezo. Cada fracaso duele al bolsillo, aún más al espíritu, pero es verdad que sin fracaso no hay éxito, y que el verdadero fracaso consiste en jamás haberlo intentado.

 

Empresario, CEO de Grupo Aries