Si Pitágoras no miente…

Por José A. Ciccone

Cuántas veces hemos oído esta frase en algún amigo contador o profesor de matemáticas cuando se refieren a darte una cifra exacta que no tiene discusión alguna. Sin embargo, citar a este extraordinario personaje nacido en la Isla de Samos, Grecia (c. 570-Metaponto, c. 490 a.c.) y no tomarlo en cuenta para otras disciplinas, es un error.

Este genio fue precursor del pensamiento occidental, un carismático polímata de aquella época, porque dominaba varias materias al mismo tiempo, según dan testimonio fiel algunos escritos sobre su vida, que ya superan los dos milenios y otros textos que empezaron a circular un siglo y medio después de su muerte. Investigaciones fehacientes nos dicen a las claras que éste fue un personaje de la antigüedad, singular y extraordinario, estudioso de varias disciplinas, mucho más que un matemático, Pitágoras, aquel de los números irracionales y del conocido teorema a2+b2=c2, el mismo genio que consideraba a las matemáticas como el principio de todas las cosas. El de la construcción geométrica de los primeros sólidos perfectos. El que perseguido y voluntariamente entregado a los soldados -igual fuera asesinado-, al parecer por resistirse a atravesar un campo de habas por la firme creencia que éstas leguminosas eran mensajeras de la muerte, porque las asemejaba con las puertas del Hades (el infierno), es claro que, según él, existían otras razones mucho más profundas, que un mero y banal escrúpulo supersticioso.

Según los investigadores serios sobre la vida de Pitágoras, como el profesor suizo Christoph Riedweg, afirman que el término ‘filósofo’ fue acuñado por Pitágoras, para resaltar su amor por el conocimiento y diferenciarse a sí mismo y a sus seguidores, de otros pensadores contemporáneos. En principio esta palabra fue adjudicada al pensador griego Heráclides de Ponto, el mismo Riedweg nos explica que en la era presocrática de Pitágoras, Filos era un término que se usaba para exaltar las labores de un trabajador en su área específica, por ejemplo, un filoplemos era un guerrero extremadamente hábil.

Los filósofos de esa era, se catalogaban como ‘naturales’, porque su filosofía se podía comparar con la física y la cosmología, ellos estaban buscando explicar todo en el mundo, desde por qué una planta crece, hasta por qué el Río Nilo se inundaba. Otros especialistas en la vida del fantástico personaje que hoy nos ocupa, como la profesora de arte Christiane Joost-Gaugier, afirma sobre la influencia de Pitágoras en el pensamiento y el hambre, con anécdotas primitivas que nos dan luz sobre la mente de este genio. Esta autora, de origen

francés, escribió el libro ‘Pitágoras y el Renacimiento Europeo’, en él le atribuye tres creencias claves a Pitágoras: Los seres humanos poseen alma -noción que no era nada común en aquella época-; El alma es inmortal; y en la muerte se pasa de un ser a otro, proceso conocido como transmutación de almas o metempsicosis.

Tengo la impresión que los estudios de investigación y experimentos sobre este hombre ilustre, en su época, se parecen mucho a lo que hoy conocemos como el método científico.

Los seguidores de Pitágoras, se conducían con un severo régimen de comportamiento personal y grupal. Las bases de todas sus ideas estaban sustentadas en los números.

Entre tantos tintes anecdóticos y referenciales de las habilidades sobrenaturales de este místico gran pensador, algunos le pertenecen a Aristóteles, quien vivió ciento cincuenta años después que él, considerándolo un genio de los números que podía predecir cuándo un oso blanco aparecería y moriría, también que podía morder y matar a la serpiente venenosa que lo hubiera mordido. Además, aseguraba que un río lo había saludado con su nombre –alabado sea Pitágoras- cuando lo iba a cruzar.

Otra anécdota es adjudicada por los expertos del tema, al astrónomo y filósofo Heráclides que decía: “Pitágoras era capaz de recordar, al menos cuatro vidas anteriores, incluida una en la que había sido un troyano llamado Euforbo que perdió su escudo en medio de una batalla con Menelao”. También existen testimonios que afirman que Pitágoras había aprendido aritmética de los fenicios, de los magos en Persia y hasta algunos investigadores lo relacionan con las enseñanzas de profetas judíos como Moisés. Fue creencia común en la antigüedad que este genio polifacético emprendió largos viajes, por varios países, con el propósito de recopilar la información científica, asequible de su época, directamente de las fuentes.

Para los filósofos griegos, Egipto representaba una cultura muy antigua que tenía unos estándares muy altos de calificación, por esa razón, Pitágoras se interesó en conocerlos mejor, había aprendido a hablar egipcio directamente del faraón Amosis II y fue el único extranjero en ser aceptado para estudiar con los mismísimos sacerdotes en Tebas.

A pesar que ninguno de los escritos originales de Pitágoras ha sobrevivido, puedo afirmar que este genio, considerado el primer matemático puro, el de la noción de las armonías de las esferas celestes, contribuyó sabiamente con la humanidad, proveyéndola de la verdad numérica, esa que no miente.