Sí, es Jordania

Por Juan José Alonso Llera

“La sociedad actual se enfrenta a un déficit de tolerancia. El viajar une a las personas, nos ayuda a abrir la mente y el corazón”.

Queridos lectores esta es mi última entrega de la saga sobre el viaje a Medio Oriente, es un privilegio para mí concluir con la visita a Jordania. Un país ubicado en una posición estratégica envidiable para la circulación de mercancías en esa región, con una economía sólida (1.43 dólares por Dinar Jordano), con un índice de delincuencia y de consumo de drogas muy bajo.

Jordania (en árabe: الأردنّ Al-’Urdunn), oficialmente Reino Hachemita de Jordania, es un país asiático ubicado en la región de Oriente Medio. Limita al Norte con Siria, al noreste con Irak, al este y sur con Arabia Saudita, al suroeste con el Mar Rojo, cuenta con solo 26 kilómetros de costa en el golfo de Aqaba, y al oeste con el mar Muerto, Israel y Palestina. El reino se creó a raíz de la división de la región llevada a cabo por Francia y Reino Unido tras la Primera Guerra Mundial. En 1946 Jordania se convirtió en un estado soberano e independiente con el nombre inicial de Reino Hachemita de Transjordania. Tras la captura de Cisjordania durante la Guerra árabe-israelí de 1948, Abdalá I tomó el título de Rey de Jordania y Palestina. El país está clasificado como de un desarrollo humano alto, así como un mercado emergente gracias a la libertad de su economía.

Debo confesarles que con este viaje le puse fin a mi lista de lugares para visitar en el mundo, obviamente antes de morir, así que como no quiero que pase eso, empecé una nueva lista para este 2019. Concluí con Hayasofia, Kapadokya, Estambul y la cereza del pastel que fue Petra. Fue una experiencia maravillosa pasar entre montañas, recorriendo los cañones, para que al final en una franja de luz apareciera una ciudad labrada en la roca, color rosa, con más de dos mil años de antigüedad, que a la vista parece recién terminada; pensar que la gente hacia cosas para que perduraran por siempre. En Jordania la mayoría de los visitantes se centran en dos lugares: la joya de la corona que es Petra y el punto de visita obligado para los peregrinos: el Monte Nebo, la historia bíblica del último capítulo de Deuteronomio 34:11​ narra cómo Moisés, negada la entrada de la Tierra Prometida a la que dirigió a los israelitas desde Egipto, vio la tierra de Canaán desde la cima de la montaña antes de morir. Ahora hay una iglesia austera, preciosa, llena de mosaicos romanos, custodiada por la orden de los Franciscanos, desde donde se observa el Mar Muerto, al lado de un olivo floreciente plantado por el papa Juan Pablo II.

Además de muchas ruinas griegas y romanas en Amman, no hay que dejar de visitar el imponente desierto “rosa” de Wadi Rum, que va cambiando de color según el sol y por supuesto la ciudad de Aqaba, donde se da la salida al Mar Rojo, en esos pocos kilómetros de costa con los que cuenta el país, además de ver las fronteras de Egipto, Israel y Arabia Saudita, donde terminamos aquel fin del 2018.

Empiezo este 2019 con nuevos bríos, entrándole a la academia, la empresa, los amigos, la lectura y la política. Para las siguientes entregas cambiaré el chip y regresaré a escribir sobre mi ciudad, la empresa, la gente y el mundo que nos rodea. Gracias por aguantarme un año más, estamos entrando en el décimo, un abrazo muy fuerte a todos los que no se reeligen.

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