Sexo, género y fluidez

Por Maru Lozano Carbonell

Sexo es la característica biológica y fisiológica que define al hombre y a la mujer. Por ejemplo, la mujer tiene menstruación, el hombre no.

Género es el atributo social y las oportunidades que tienes por ser varón o mujer, por ejemplo, los hombres ganan más dinero o tienen más oportunidades para ocupar puestos ejecutivos. Sin embargo, las mujeres también pueden desempeñar puestos así, ganar igual o más.

Pero ¿no binario? Se dice que ser así es identificarse de repente como del género masculino y otro día mejor sentirse identificado con el género femenino. O bien, de pronto no sentirse identificado con ninguno de los dos géneros.

Como que la gente así siente más fluidez y hoy se pueden vestir con tintes femeninos, masculinos o híbridos.

Que la gente tenga la orientación sexual que quiera, que todos tengan la identidad de género que prefieran, pero que se respete también que otros desean ser hombres, ser mujeres y ser heterosexuales.

La discriminación es un tema importante, deberíamos ser incluyentes, sin embargo, en todos lados hay ciertas reglas que debemos seguir.

Si el grupo social, religioso, escolar, laboral, familiar y demás, piensa diferente a lo que gusta, no se podría obligar al mundo entero a nombrarle de cierta manera. Es como si te llamas Víctor y a fuerza quieres que todos, absolutamente todos, te digan Tito. Imposible y no por eso deberías sentirte excluido.

Se nace hombre, se nace mujer y que se tenga la percepción de sentirse diferente a la característica biológica y fisiológica, es muy respetable, pero más respetable que no todos puedan comprenderlo.

Hablar y expresarse hoy día está siendo muy complicado, tendríamos que cambiar todas las lenguas.

La identidad de género es parte de la construcción social, su núcleo lo forman las expectativas de conductas, formas de sentir y de manifestaciones a partir del sexo asignado. Eres hombre, tus genitales así lo demuestran, entonces tendrías que ser valiente, no llorar. Pero ese hombre crece y siente que llorar es bueno, que tener miedo y reconocerlo es válido.

A la mujer se le dice que tiene que estar en casa, lavar, cocinar y obedecer al marido. Pero resulta que el marido la deja y de pronto tiene que lavar, cocinar, trabajar y enseñar a los hijos, hombres y mujeres a realizar las labores domésticas por igual.

¿Será que aquí está el origen de todo? Esa desigualdad, ese trauma, ese choque de creencias tragadas, de experiencias obsoletas y de asuntos que no hemos concluido lo que nos impulsa a sensaciones diferentes?

Nombramos dependiendo nuestra necesidad, de frente a la jefa le diremos: “licenciada…”, aunque en el fondo y con otros la refiramos por su apodo.

Imagínate que tienes un accidente automovilístico, estás gravemente herido y se acerca el paramédico que te atiende y salva la vida. Te lleva en ambulancia al hospital y ahí te empiezas a recuperar. ¿Pensaste en que te nombre con “e”, tipo: “amigue”? ¿A ti como paciente grave a media calle te importaba la preferencia sexual de tu paramédico? ¿Su religión? ¿Su identidad de género? ¡Por supuesto que no! Ahí ambos eran seres humanos.

Considero que se vive la esencia, la gracia y el milagro de convivir haya muxes, transgéneros, transexuales, fluidos, binarios, no binarios y lo que desde la antigüedad exista.