Ser de gravedad

Por Ana Celia Pérez Jiménez

El aterrizaje del ser que soy o creo ser a veces me falla, me traiciona de una forma espectacular puede ser error de dedo, de cálculo o de ser la persona que pienso que soy, para sorprenderme y ser totalmente otra, y solo puedo reposar en el suelo de tanta vergüenza y pena, quedarme como un ser quieto para observar todo eso que fue, la caída y el estruendo. Ver los residuos de dolor, de esperanza, partículas de mí en el cielo, en ese firmamento hablándome de la tragedia, del instante en que colapse como proyecto de la persona que yo creía y pensaba ser.

Lamento decir que la mayoría de las veces no pienso tanto lo que hago, solo sé que viene de un impulso y ese impulso no siempre es bueno, pero tampoco lo juzgaré de malo, es él, natural, es antiguo, es incomprendido, es gritón y berrinchudo, es la infancia en mí y el cuadro que pintó en mi cuarto y no dejó que nadie más viera.  

Es el silencio amarrado y confundido, es la soledad asustada de la carencia de su reflejo, es el vacío que nunca se llenó y toda esta persona adulta, toda esta adulta persona no siempre puede descifrar sus porqués, las caídas, las acciones, el espasmo, la admiración; creo que somos los únicos astros sin algún patrón definido, métrica u orbita, somos seres tan pequeños y salvajes que nos encapsularon en esta tierra y más aún en nuestras vidas y peor todavía en nuestro individuo. No me reconozco en momentos que comento el error de nuevo y sin contabilidad, no me reconozco cuando voy a la caída, pero se, se firmemente y sin hipocresía que soy yo, vestida de mí, con mi tono de voz, mis gustos y canciones la que va de forma voluntaria a la caída.  

Lloro en tantos momentos porque no se mejor, porque sé que repito el drama y la obra, cambio los personajes y repito  el reparto y otras tanto reemplazó solo por el gusto o el sabor de lo familiar, del dolor, de la risa, del sentirme vivo, de estar en continua experiencia, como un adicto, como alguien que sabe mejor y prefiere ignorarlo. No espero entenderme o enderezarme sólo hablo de esas repeticiones obsoletas que he descubierto en mi vida, quizá es la parte del coro, quizá es la repetición necesaria de esta gran melodía, de este autor irreverente y no sordo, de este genio sin innovación, de estas palabras y de ser lo que son.

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