Sean felices… ¡Por instrucciones del presidente!

Por José Cervantes Govea

En México nada pasa, nada sucede, nada se mueve, nadie se mueve y nadie se candidatea si no lo instruye el señor Presidente. El mundo occidental, del que forma parte México es democrático, y México, al menos teóricamente, está constituido, organizado e integrado democráticamente por Población –Art. 39-, Territorio –Art. 42,43-, y Gobierno –Art. 49-. 

 

Aunque los cargos y los poderes públicos no se heredan la clase política está posesionada, posicionada  y fusionada desde principios del siglo pasado, como un grupo de iluminados que se conducen grotesca y dantesca, como dueños del territorio y la Nación mexicanos.

La clase política acuerda periódicamente cambiar de Rey, Virreyes y Príncipes, y cualquier cantidad de otros títulos, tantos como rangos hay en la Nobleza que durante siglos ha gobernado el mundo. La escala de los títulos reales y nobiliarios de las monarquías son sustituidas por la escala de cargos públicos y políticos, como en una mascarada.

Enrique Peña Nieto, Enrique I, presidente de México en turno, ha dicho que va a mover a México, pero le faltó aclarar y puntualizar “Mover al Estado de México”, mejor conocido como el EDOMEX, esa comarca mexicana donde manda el Gobernador-Virrey Eruviel Ávila, quien ya prepara la marcha, como todo un caballero andante del  medievo, para suceder a Enrique I.  

Es uso y costumbre, de casi todos los políticos y servidores públicos, salvo contadas excepciones, expresar que sus acciones de gobierno las realizan “Siguiendo las instrucciones del señor Presidente…”, no en acato y cumplimiento de la protesta Constitucional, ni de las atribuciones que las Leyes  imperativamente, no potestativamente ni, mucho menos, sujetos a la voluntad del Presidente, les imputan.

Por una parte contamos y presumimos una Constitución “cuasireglamento” que, más que reformada, ha sido “manoseada” a  modo por todos los expresidentes con el beneplácito –no gratuito- del Congreso de la Unión,  y un marco legal secundario  tan vasto que se contradice y contrapone entre sí.  Por otra vivimos el anacronismo, círculos vicios y síndromes de los movimientos independentista y revolucionario que siguen vigentes: Discrecionalidad, Simulación, Ilegalidad, Anarquía. 

El sistema político mexicano se fundamenta en conceptos contrarios a los fines de la política: Presidencialismo, patrimonialismo, plutocracia, partidocracia, pactismo y oscurantismo cuya práctica simula el cambio, fomenta la corrupción, la impunidad, la expulsión, la exclusión y la pobreza intelectual y material de l@s mexican@s. Esta forma de gobernar describe la idiosincrasia de algun@s polític@s mexican@s y, desde luego, los orígenes liberales y conservadores que fundaron el sistema político mexicano. 

La mal concebida y peor ejercida democracia no satisface a la gran mayoría de l@s ciudadan@s porque no ha generado el cambio. Estamos llegando a un punto de no retorno en el cual l@s polític@s, y no los partidos ni el Estado por ser inanimados, deben pensar y actuar democráticamente.

La época de Reyes y de súbditos terminó hace siglos,  l@s mexican@s no somos ni súbditos ni esclavos, la disputa por el territorio y la Nación terminó hace cien años, y el momento exige acabar con el “Si señor Presidente”.

 

*José Cervantes Govea  radica en Tijuana, es Contador Público egresado de la U.A.B.C. y Abogado egresado de UNIVER Tijuana. Acepta comentarios a jocegovea@yahoo.com

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