Se despide el Qualcomm Stadium

Por Dante Lazcano

Platicando con el exboxeador Rogelio “El Estudiante” Juárez, hoy jefe de departamento de Deporte Adaptado del Instituto Municipal del Deporte de Tijuana (Imdet), coincidimos en que ir al Qualcomm Stadium -que muchísimos de quienes somos de la frontera lo conocimos como Jack Murphy Stadium- tenía una magia muy especial, esto ante el anuncio que a partir de este mes iniciará la demolición del majestuoso.

La experiencia de asistir al inmueble, ordenado desde que uno llegaba en su coche al estacionamiento, caminar alrededor en la banqueta, encontrarse con los revendedores, ingresar por la puerta adecuada y después caminar hasta la sección Plaza, Loge o View, dependiendo de la disponibilidad, eran un ritual, ya fuera que lo hiciéramos como aficionados o, una vez que decidimos entregarnos al periodismo, dándole cobertura a algún evento deportivo.

Ese color verde era único del césped, ver que saltaran a la cancha los locales ya fueran los San Diego Padres, los San Diego Chargers, los SDSU Aztecs o hasta a la selección mexicana de futbol, hacían de la visita una experiencia única, vamos, hasta el aroma del inmueble era especial, antes de iniciar el cotejo claro, porque ya concluido, el aroma a liquido ambarino era muy denso.

La primera vez que entré fue para el partido que la selección nacional de futbol mexicana sostuvo de preparación ante Ucrania un 20 de octubre de 1993 acompañado de mi papá y hermano menor en una “guayina” café.

La efervescencia que se vivía por el Tri era increíble, venían de haber ganado una agónica calificación al mundial del 94 con gol de Hugo Sánchez, cayeron ante la Argentina en la final de la Copa América en Ecuador y ganaron la Copa de Oro en un verano inolvidable.

Sobra decir que el inmueble se atascó con más de 53 mil almas al grado que miles se sintieron en Tlalpan y Periférico dejando estacionado sus coches en pleno “friwey” 8 al grado que el partido se retrasó media hora.

Confieso que escuchar el himno nacional mexicano entonado por esa cantidad de gente fue más allá de impresionante, fue de ambiente mundialista, sentenció mi papá.

Asistir al Qualcomm se convirtió en una rutina la cual, confieso, nunca pensé que fuera a terminar, primero porque ante la partida de los Chargers ya no hubo razón de ir, esto a partir del 2017.

La última vez que vi montado el inmueble fue en el 2018 cuando vino Notre Dame para enfrentar a la Navy.

Sacar la suma de cuántas veces fui sería inútil, sólo puedo decirles que esas incontables e incansables coberturas iniciaron desde 1995, principalmente con los Chargers y de rebote los Padres permitieron que caminara un camino que actualmente ando.

Me queda muy claro, y más ahora por el tema  del Covid que debemos vivir el presente porque es lo único que tenemos, si bien lo que se vivió fue maravilloso, enterarnos que adelantarán la demolición lo comparo como si fuera la partida de un gran amigo del que no pude despedirme.

Las nuevas generaciones tendrán oportunidad de crear sus tradiciones y rituales con el nuevo estadio de los Aztecas, pero para quienes crecimos, en todos aspectos, en el Qualcomm, siempre quedará en nuestros corazones como el estadio, que pese a haber estado en el extranjero, lo consideramos la casa del equipo por el cual hinchamos.

Mis dos centavos

Adiós Vaquero, gracias.