San Quintín: la punta del icerberg

Por José Cervantes Govea

“Se le da el nombre de Estado al más frío de todos los monstruos fríos. Un monstruo que miente desvergonzadamente, y su mentira es esta: “Yo, el Estado, soy el pueblo.” Friedrich Nietzsche.

 

¡Ya pasaron las elecciones y San Quintín sigue pendiente!. El artículo 123 es como una poesía para los oídos de l@s mexican@s, pero de allí no ha pasado. Hace casi cien años, el 27 de Diciembre de 1916 se aprobó y creó por unanimidad absoluta, votando por la afirmativa 163 Constituyentes, el artículo 123 Constitucional, luego promulgado  por Venustiano Carranza el 5 de febrero de 1917.

Previamente millones de patriotas mexicanos, crearon y defendieron a sangre y fuego los derechos laborales cristalizados en el artículo 123 de nuestra Carta Magna, derechos que no se han visto hasta ahora materializados favorablemente para los trabajadores. Los partidos, la clase política y l@s gobernantes mexican@s pronto cumplirán cien años de incumplimiento a sus promesas de campaña.

El Estado -Presidentes, Diputad@s, Senadores y Senadoras- se han limitado a  reformar el sagrado artículo 123 hasta el cansancio pero no se han ocupado de  cumplir con su fracción VI, que dispone: “El salario mínimo que deberá disfrutar el trabajador será el que se considere suficiente, atendiendo las condiciones de cada región, para satisfacer las necesidades normales de la vida del obrero, su educación y sus placeres honestos, considerándolo como jefe de familia”. La falta de atención a este negado mandato constitucional es de orden nacional e imputable al gobierno, particularmente a l@s diputad@s.

San Quintín es la punta de un iceberg creciente de una afrenta social, política y económica secular. Los “jornaleros” han puesto nuevamente el “dedo en la llaga”. Los campesinos, los pescadores y ganaderos producen los alimentos básicos y necesarios para la subsistencia de los citadinos, para los turistas nacionales y extranjeros que representan divisas y generación de empleos y riqueza.

Es conocido que las actividades primarias son las únicas que generan riqueza real. El ejemplo más claro son las agrícolas, sin perjuicio de la acuícolas entre otras más recientes, en las que un grano sembrado puede producir miles de granos. ¿Por qué en los Estados Unidos de Norteamérica  las mismas labores en los campos se pagan a razón de 10.00 dólares la hora, mientras en San Quintín se pagan 10.00 dólares por la jornada diaria?  

Por eso el flujo migratorio hacia los Estados Unidos de Norteamérica de emigrantes  principalmente campesinos, quienes  a falta de trabajo y  suficiencia salarial en nuestro país iniciaron el éxodo con el programa “bracero” vigente de 1942 a 1964, y desde entonces el flujo no cesa. ¿Por qué no ha habido voluntad ni hemos sabido armonizar y conciliar los intereses de patrones y trabajadores?.  Ni nuestr@s diputad@s  en parte pagados, paradójicamente,  con las divisas que envian l@s trabajadores emigrantes a México,  ni el omnímodo presidencialismo han podido ni querido poner en el ִánimo de la parte patronal  mejorar el poder adquisitivo de los salarios. ¿Cuantas décadas más  habrá que esperar para materializar este asignatura constitucional eminentemente humana?

 

*José Cervantes Govea  radica en Tijuana, es Contador Público egresado de la U.A.B.C. y Abogado egresado de UNIVER Tijuana. Acepta comentarios a jocegovea@yahoo.com