Ruta Rosarito-Tijuana

Por Daniel Salinas Basave 

¿Cuál es la ruta de transporte público que más veces he hecho en mi vida? Viviendo en Monterrey hice cientos de veces la San Jerónimo-Centro, ya fuera en el Ruta 4 o en el 69, aquellos camiones negros como mi alma, con franja roja y lámina ardiente.

Viviendo en el Estado de México, hice cientos de veces la ruta Herradura o Lomas del Olivo-Cuatro Caminos en combi azul, y en metro la Cuatro Caminos-Taxqueña y también la Observatorio-Pantitlán en cualquiera de sus múltiples paradas.

Llegando a Tijuana hice durante cuatro años la ruta Centro-Playas en la antigua guayina amarilla que sale de Tercera y F. Martínez y también la ruta Centro-Vía Rápida en los taxis naranjas del Guaycura y Capistrano que me dejaban en la puerta del Frontera. También he hecho varios cientos de veces en Trolley la ruta San Ysidro-Centro de San Diego, generalmente para ir a conciertos. 

Sin embargo, la indiscutible campeona de campeonas, la ruta de transporte público que más veces he hecho en mi larga vida es la ruta Rosarito-Tijuana Centro. La hice por primera vez el 17 de octubre de 1998 (fue mi debut en el transporte público en BC y Carol fue mi guía) y la hice por última vez la semana pasada. Puedo decir que estoy por cumplir 24 años de emprender regularmente ese recorrido.

Entre Rosarito y Tijuana o entre Tijuana y Rosarito he leído varios miles de páginas, he escuchado largas horas de tribunas radiales, cumbias, banda sinaloense o alabanzas cristianas según el gusto del chofer (y también muchas horas de Metal en audífonos en los tiempos de mi viejo iPod y mi aún más viejo Walkman).

He emprendido espontáneas conversaciones, alguna vez he regalado un libro a un pasajero, he escuchado leyendas sobre aparecidos en la Cuesta, he soportado borrachos (y yo mismo he ido borracho, he de confesarlo, o simplemente dormido). 

La última vez me fui leyendo alegremente Tristes sombras de Lola Ancira mientras escuchaba a un rapero cristiano que subió a la altura del Plan Libertador y se puso a versear su predecible historia de drogas, pandillerismo, prisión y renacimiento evangélico. Obvia decir que el chofer se fue por La Gloria (donde pierdes una media hora) y que había un atascadero en el nodo del Rosas Magallón. En casi una hora de camino leí más de medio libro de Lola (alucinante lectura, ya les comentaré) y recordé que la primera vez que hice esa ruta, hace 24 años, mi lectura era Todos los nombres de Saramago y en aquel entonces no existía Santa Fe ni los mil y un fraccionamientos que ahora la rodean y aquello era un verdadero paseo por el campo.

¿Quedarán muchos kilómetros por recorrer y muchas páginas por leer? ¿Cómo será la ruta Rosarito-Tijuana dentro 24 años? Acaso no quedará ya un resquicio de colina y baldío, pero el transporte seguirá siendo paleolítico y el viaje tomará unas dos horas y tal vea al Sol le dé por seguir poniéndose en el Pacífico.