Ruinas y naturaleza

Por Dianeth Pérez Arreola

A una hora en tren desde el centro de Berlín está la localidad de Beelitz-Heilstatten, famosa por las ruinas de un hospital abandonado, que fue la última morada del ex dirigente de la Alemania comunista Erich Honecker, quien tras tratarse un cáncer de hígado fue trasladado desde ahí a Rusia en 1991 para evitar ser juzgado por los crímenes de su régimen.

En la entrada está uno de los muchos edificios abandonados que forman parte del complejo. Su fachada de ladrillo y el elaborado techo de madera están cubiertos parcialmente por una de esas hermosas enredaderas que durante el otoño se tiñen de rojo, y a pesar de la decadencia del inmueble se adivina el esplendor de su pasado.

Unos metros más adelante una estructura impresionante obliga al visitante a voltear hacia arriba: una torre de acero de varios metros de altura, con escalones y pequeños balcones para admirar la vista por fuera y un elevador por dentro. Ahí en las alturas empieza un camino elevado que permite ver los edificios abandonados desde arriba.

El hospital fue construido en 1898 en medio de un bosque que ofrecía las condiciones ideales para la recuperación de los pacientes con tuberculosis. Durante la primera guerra mundial fue utilizado para atender a los soldados heridos. A finales de 1916 un joven soldado fue enviado ahí para recuperarse de una lesión y diecisiete años más tarde se convertiría en el dictador Adolfo Hitler.

El camino elevado es de madera y acero, y al detenerse a leer alguna de las placas con información se nota un leve bamboleo. Los árboles y arbustos han crecido en el techo de los edificios, las ventanas ya no tienen cristales y algunas, ni marcos. Estos espacios permiten una limitada vista al interior; ladrillos desgastados, azulejos quebrados, letreros en ruso.

Durante la Segunda Guerra Mundial el complejo continuó sirviendo como hospital militar hasta que cayó en manos del ejército rojo, de ahí los letreros en ruso. En 1989, el año de la caída del muro de Berlín, una serie de crímenes azotaron la región, hasta que dos años después se logró la captura de “La bestia de Beelitz” que para entonces había matado a cinco mujeres y un niño.

El complejo de edificios abandonados que está entre los lugares abandonados más escalofriantes del mundo según varias listas de internet sirvió de escenario para dos famosas películas: El pianista, protagonizada por Adrien Brody y Valkiria, con Tom Cruise.

A pesar de lo tenebroso que pueda parecer el lugar, el bosque que lo rodea es muy bonito. En esta época del año la naturaleza se viste de ocres y amarillos sin que el verde deje de predominar. Han puesto camas oxidadas llenas de vegetación en un par de sitios, con tul blanco adornando el dosel y marcos de ventanas detenidos con cuerdas, simulando habitaciones del hospital en medio del bosque.

Telas de tul de varios colores cuelgan de los árboles y adornan las veredas que conectan entre sí los edificios en medio del bosque, y el sol del atardecer le da a las fotos de los visitantes una atmósfera mágica y alegre en contraste con la reverencia nostálgica y misteriosa con la que captan con sus cámaras los detalles de las ruinas. Cae la tarde y los visitantes se van haciendo menos. No es un lugar donde uno quiere que lo sorprenda la noche.