Rubén Fuentes (Primera parte)

Por Pedro Ochoa Palacio

A Jeff Nevin

Hablar de Rubén Fuentes, es referirse a uno de los pilares de la música mexicana. Sus aportaciones a la música de nuestro país en general y a la del mariachi en particular han sido enormes. Su talento en la producción discografía de los principales solistas y compositores de los últimos 60 años es el testimonio fiel de su trabajo.

Fuentes Gasson nació en Ciudad Guzmán, Jalisco (1924). Es hijo de músicos, su padre fue el prominente concertista Agustín Fuentes, quien le enseñó a tocar el violín, gracias a esta educación familiar pudo dominar el instrumento desde muy joven. Por recomendaciones familiares, siendo aún un adolescente y sin conocer la música de mariachi, se integró al Mariachi Vargas de Tecalitlán, que había sido fundado por Don Gaspar Vargas en 1898 –Silvestre Vargas se uniría a principios de los años veinte, el siglo pasado. Fuentes se hace notar muy rápidamente en el Mariachi Vargas por su talento y pleno dominio del violín con lo cual muy pronto se gana la confianza de Silvestre Vargas. Aprende los tradicionales sones de Jalisco y del Bajío y tiene el cuidado de anotarlos, tanto la letra y como la música, para preservarlos y mejorarlos posteriormente.

Hasta entonces el mariachi era la música específica de una región del país, el Bajío (Guanajuato, Querétaro, Aguascalientes, Región Altos Norte y Region Altos Sur de Jalisco y zona norte de Michoacán), pero se puede afirmar sintéticamente que hay dos hechos que detonan su presencia nacional: la apertura de la estación radiofónica XEW en la Ciudad de Mexico en 1930 y el surgimiento del género nacionalista en el cine (la añoranza del rancho en oposición a la vida urbana), la primera película donde aparece el Mariachi Vargas es ¡Así es mi tierra!, de Arcady Boytler en 1937 (el primer papel protagónico de Cantinflas), con ello se abren nuevas brechas para la difusión y la ampliación del gusto por la música del mariachi en todo el territorio nacional.

A partir de ese momento la influencia del Maestro Fuentes es determinante. Escribe Huapangos para el cine mexicano, así como Qué bonita es mi tierra, Las Alazanas, entre otras, pero sobre todo compone para solistas como Pedro Infante, destacando Cien Años (Pasaste a mi lado…) y Carta a Eufemia (Cuando recibas esta carta…), creadas para Infante, a quien le compuso un total de 44 piezas.

El talento de Fuentes ya es reconocido en el mundo de la música mexicana, y en 1946 es nombrado Director del Mariachi Vargas, donde desde un principio impone su juicio estricto y puntilloso, tan es así que su primera decisión es la renovación total de los elementos del grupo porque no sabían tocar música correctamente, y sólo conserva a tres de los elementos originales. Para el renovado grupo, desde ese momento, será una obligación leer música por nota y conocer ampliamente su instrumento, ya no es la enseñanza aprendida de una generación a otra, sino una auténtica profesionalización. Además, les prohíbe fumar y les impone el traje de charro, casi como un uniforme, ante la molestia, en su momento, de las asociaciones de charros.

Setenta años después, le pregunté al Maestro Fuentes:

– ¿Por qué tan drástico, maestro?

– Teníamos que dignificar al Mariachi. Cuando nos presentábamos en algún sitio, no nos dejaban entrar por la puerta principal. Ser mariachi, no era algo que tuviera buena fama.

Me respondió convencido.

Sin descuidar la Dirección del Mariachi Vargas asumió la Dirección Artística de RCA Víctor donde dirigió casi toda la producción discográfica de las luminarias mexicanas, de la segunda mitad del siglo XX, como Pedro Vargas, Lucha Villa, Lola Beltrán, Miguel Aceves Mejía, Amalia Mendoza “La Tariácuri”, Marco Antonio Muñiz (para quien compone Luz y Sombra, Que Murmuren y Escándalo), entre otros. Es Aceves Mejía quien presenta a Fuentes con el gran maestro guanajuatense José Alfredo Jiménez, un genio de la creación literaria, pero desconocía casi completamente la composición musical. Fuentes es el responsable de la instrumentación de casi la totalidad de la obra de José Alfredo. Es tal la compenetración de los estilos, que las canciones logran una unidad temática, artística y estética que pareciera ser producto de la inspiración de una sola mente creativa pero, en realidad, se trata de la letra de José Alfredo y la música de Rubén Fuentes.

(Continuará)