Roto ¿Y ahora?

Por Maru Lozano Carbonell

Si hay algo roto, llámese relación de pareja, laboral, etc., lo primero que tendríamos que hacer para salir adelante es aceptar que ya acabó. Nada nos va a suceder si pensamos que ya terminó. No imagines nada más, sólo que llegó a su fin. ¿Eso no es tan complicado verdad?

El miedo a soltar es porque no deseamos cerrar puertas ni posibilidades. Pero tendríamos que visualizar que nuestro futuro depende enteramente de lo que fabriquemos ahorita en nuestra cabeza.

Personalmente, estoy muy interesada en este tema y esta fue la perspectiva que me dio un psicoterapeuta para salir adelante después de una desunión. ¡Es que la vida tiene que seguir!

Si la ruptura es con alguien, se volverá a sentir por otra persona más. Si es por relación laboral, se volverá a producir y generar dinero en otro lugar. No nos quedaremos estancados.

Es importante permitirse “sentir”. Se sana lo que se reconoce. Si fuéramos con un dentista para que nos extraiga una pieza, ¡nos tiene que tocar y nos molestará!  Pero es la única forma de curar abriendo tal espacio. Dejemos que fluya entonces.

Sentir miedo es algo natural porque hay incertidumbre, es normal. Sólo que, si es miedo imaginario, no evoquemos, no auto-torturemos y enfoquémonos a hacer eso que hemos pospuesto dándonos un gusto y metiéndole ganas para mejorar nuestras fallas y aquella flojera.

También hay que identificar y expresar las emociones: ¿Enojo, miedo, tristeza…? Podemos hablarlo con alguien o escribirlo simplemente, pero ¡saquémoslo!

Seamos realistas y honestos. Sin rogar, que caso no tiene. Nadie espera que estemos alegres y amorosos en medio de nuestra crisis, puedes externar lo que te pasa. No eres malo por estar mal, eres humano y es parte de brotar. Anormal es que no avances después de esto y se te quede la tecla atorada.

Perdonemos. Si la relación con esa persona o con el trabajo terminó porque tú tuviste la culpa, tienes derecho a asimilar, aprender, soltar y reinventarte.  Perdonemos a nuestro “bruto” interior, a ese pequeño inexperto que tuvo parte de error y confiemos que el proceso se da pasito a pasito. No corriendo, no evitando. No guardando debajo de la alfombra el dolor. Confiemos que vivimos y experimentamos lo que tenemos que trascender y las etapas de duelo toman tiempo. Pongámonos metas pequeñas viviendo el aquí y el ahora.

Planea y fija metas a largo plazo también para que te obligues a ver hacia adelante y recuerda que siempre hay opciones. ¡Siempre! La alternativa ahora es crecer, impulsarte, abrirte a la posibilidad de millones de opciones más.

Solemos quedarnos quietos y enconchados. Esa no es la postura para modificar la energía ni segregar sustancias que den felicidad. El movimiento y la cabeza en alto, alinean el campo. ¿Has visto cómo oran los monjes tibetanos? No se recuestan ni se contraen. Tampoco piden resaltando lo negativo, ellos se imaginan, visualizan, sienten lo que quieren obtener. Si es lluvia, la piensan, la sienten, la viven, la agradecen. Eso tendríamos que pensar con el corazón los que hemos roto. En lo que sí queremos, en cómo y cuándo… Desde nuestro “yo”.

Ejemplo: “Deseo estar laborando en… agradezco estar siendo valorado… remunerado… acompañado…”.

Indudablemente se llora, se avanza, pero cada día mejora si es andando. Así que lento no significa muerto.